Asociación
Europea
de Historia del Psicoanálisis

BLOG

2012-07-30
Autor: Luis Hornstein
Categoria: Psicoanalisis
André Green: un psicoanalista comprometido


“Pensamientos vivos. Son superficies sensibles, pieles apenas rozadas, oscuros repliegues; más que un cuerpo de pensamientos, bonachón y entrado en carnes, una zona de contactos de fronteras erosionadas. Basta una sola cita, un argumento ajeno repetido, un libro mencionado o una obra entera para el borramiento de su nombre propio. Su circulación, su desviación, su transferencia a un lugar lejano al contexto que los vio nacer y la audacia misma de sus usos, contrariamente a las instrucciones de uso de una didáctica de los textos, integran en su conjunto –después de abandonar a su autor, pero antes de ser embalsamados por un corpus- toda la erótica del pensamiento […]. Se abre así una zona de no-derecho entre censores de origen y propietarios futuros, una zona llena de intersticios al amparo de la cual, lejos de los guardianes de la Obra, los textos serán puestos en práctica: se inscribirán a lo largo de ciertas trayectorias, tatuarán cuerpos, inaugurarán prácticas y congregarán comunidades inéditas”. (Cusset, F., 2003)


En enero de 2012 falleció André Green. Mi homenaje es al Green vigente, al que seguirá siendo una referencia insoslayable.
Green afirma que el estado actual del psicoanálisis impone la necesidad de una reformulación general de la teoría. Tanto por la evolución de la práctica, como por la diversidad de elaboraciones conceptuales. El psicoanálisis no puede pretender extraterritorialidad respecto de la ciencia y el horizonte epistemológico actual. La obra de Freud se desplegó en otra época y su práctica fue distinta. El psicoanálisis, puede ser actual si explora las fronteras. Fronteras clínicas y teóricas. Fronteras con las otras disciplinas.

¿Cuáles son las condiciones de producción de la subjetividad? Cuando uno se hace la pregunta, está dispuesto a escuchar aportes de la biología, la historia, la sociología, sin caer por ello ni en biologismo, ni en sociologismo, ni en psicologismo, porque todos estos ismos son reduccionismos. El sujeto solo es pensable inmerso en lo socio-histórico entramando prácticas, discursos, sexualidad, ideales, deseos, ideología y prohibiciones.

Los reduccionismos abundan. Para la ideología reduccionista en biología,la subjetividad sería consecuencia de la constitución genética. La ideología reduccionista en psicología, hace oídos sordos a los aspectos corporales y a los socio-históricos. Elsociologismo no considera lo psíquico ni lo corporal. Cada día hay nuevos reduccionismos porque cada día hay nuevas complejidades. Por eso la polémica sigue. (Hornstein, 2011a).

Durante varios siglos predominó en la ciencia la idea de simplicidad, pero ahora busca dar cuenta de la complejidad con las herramientas adecuadas. La consideración del movimiento y sus fluctuaciones predomina sobre la de las estructuras y las permanencias. Esta conmoción del saber se desplaza de la física hacia las ciencias de la vida y la sociedad. En física, los sistemas complejos se convirtieron en el centro de las investigaciones. La biología molecular no redujo lo complejo a lo simple sino, recurrió a conceptos organizacionales desconocidos en el dominio físico-químico como información, código, mensaje, jerarquía. La biología propone la autoorganización para comprender cómo el azar produce complejidad. Lo psíquico incluye un nivel de complejidad aun mayor. “Freud fue un precursor de las teorías de la complejidad. Eso pasó casi desapercibido, puesto que las teorías que elaboraron sus sucesores parecen haberla desconocido. Hoy se va abriendo camino, subrepticiamente, cierto retorno al pensamiento lineal. El porvenir dependerá de la forma en que los psicoanalistas partan al encuentro de ese pensamiento de la complejidad” (Green, 2003).
La complejidad requiere la introducción de nuevos conceptos. El orden ya no puede ser pensado sin el desorden. Ambos se entrecruzan en forma interdependiente. La autoorganización acrecienta la autonomía, pero no borra la dependencia. Todo se resume en la relación complementaria entre orden, desorden y organización.

La subjetividad interactúa con el medio a través de un constante intercambio. La cultura trama prácticas, discursos, sexualidad, ideales, deseos, ideología y prohibiciones. Y a la vez la cultura las destrama. Ya en “Duelo y melancolía” Freud había postulado que el sujeto está en un proceso de autoorganización permanente, lo que hoy llamamos un sistema abierto. Freud lo dijo. Si no lo escuchamos, si lo escuchamos pero no lo entendimos, si no lo pusimos en práctica, fue porque no pudimos. En un sujeto tal los registros identificatorio y objetal son indisociables, una imbricación que sólo puede ser pensada desde una causalidad recursiva. Un bucle autoorganizador reemplaza la linealidad causa-efecto por la recursividad. Los productos son productores de aquello que los produce. Lo actual va tomando otro lugar, en la teoría y en la clínica (Hornstein, 2011a).


“El Esquema” de Green

El texto Ideas directrices de Green equivale a su Esquema. Freud en El Esquema, texto testamentario, condensa su elaboración conceptual. Lo escribe así: “reunir los principios del psicoanálisis y exponerlos, por así decir, dogmáticamente, de la manera más concisa y en los términos más inequívocos” (1938). Habían pasado 43 años desde el Proyecto.
Con respecto a la obra de Freud propuse: “Hagamos del Esquema nuestro Proyecto”. Lo propongo también con Green. Un proyecto que promueva filiaciones simbólicas recuperando lo pensante más que lo pensado.
Heredar teorías es un privilegio y un deber a cumplir. Exige actualizar sus principios, sus métodos, dando cuenta de sus fuentes, sus referencias conceptuales, sus fundamentos y sus finalidades. Heredar es efectuar una lectura problemática, histórica y crítica, diferenciando entre historia caduca y el pasado actual (los conceptos aún válidos).

Green en Ideas directrices… condensa 50 años de producción. En Freud había dos tipos de exposiciones: históricas y sistemáticas. La Presentación autobiográfica de Freud es una exposición histórica así como El Esquema es sistemática.
En su Presentación autobiográfica Freud no se refiere a su vida privada sino en lo que atañe a la construcción del psicoanálisis. Freud atribuye su independencia de juicio a no haber pertenecido a la compacta mayoría. “Ahora bien, estas impresiones que recibí en la universidad tuvieron una consecuencia importante para mi tarea posterior, y fue la de familiarizarme desde temprano con el destino de encontrarme en la oposición y ser proscrito por la compacta mayoría. Así se preparaba en mí cierta independencia de juicio”. (Freud, 1925) Para acceder al pensamiento crítico se requiere eludir consensos [1]. El segundo rasgo era desconfiar del saber instituido. Freud presentó a sus colegas de Viena lo que le hizo ver Charcot en París: “siempre la cosa sexual” y se sorprendió por el rechazo del establishment. El tercer aspecto que Freud enfatiza es la pulsión de saber.

Green enfatiza un cierto descrédito y desasosiego del psicoanálisis por la falta de consenso. “Veo la presente condición del pensamiento psicoanalítico en un estado de perplejidad, y me pregunto cómo podemos salir de esta situación” (Green, 2002a). Esto para muchos es una señal de alarma, para otros este pluralismo crítico es estimulante. Diversidad de grupos se autodefinen como psicoanalistas. Ello se debe al efecto combinado de la influencia de autores, de tradiciones culturales locales y de la modificación de los pacientes que ahora demandan ayuda. Hace algunos años nos preguntábamos: ¿un psicoanálisis o varios? Aspirábamos a que hubiera uno solo. El hecho es que en el psicoanálisis cohabitan diversos modelos a pesar de las contradicciones que los oponen.

Permítaseme, en este homenaje algo personal. En mi constelación conceptual no sólo está Green sino también Freud, Lacan, Piera Aulagnier (así como Castoriadis, Winnicott y Kohut entre otros). A Piera Aulagnier y a Green les agradezco haber soslayado un falso dilema: Freud o Lacan. Ciertos debates son debates prisión y otros son debates pasaportes. Green dice que las razones del divorcio de los abuelos no les interesa a los nietos. En lugar de redundar en las razones del divorcio Freud-Lacan se trata de articular sus propuestas. Green tuvo el gran mérito de haberse resistido a la seducción de Lacan. ¿Es necesario aclararlo? No se resistió a las ideas, se resistió a la seducción.

Dilucidar la genealogía de un desarrollo teórico requiere, además de delimitar el álgebra de su coherencia interna, situar históricamente las instituciones y las prácticas que presionan sobre las teorías y que constituyen el “saber”. Es evitar la ilusión teoricista que supone que el psicoanálisis se agota en sus conceptos; como si estos surgiesen y se desarrollasen puros e incontaminados a partir de psicoanalistas también puros. ¿Existe la pureza? Puro es lo limpio, lo que no tiene mancha. El agua pura es agua sin mezcla, un agua que sólo es agua y, por lo tanto, es un agua muerta, lo cual dice mucho sobre la vida y sobre una cierta nostalgia de la pureza. La pureza esta del lado de la muerte o de la nada.

Construir una historia crítica y problemática del psicoanálisis es una tarea que requiere el aporte de muchos. No se trata de improvisarse sociólogo sino de reflexionar sobre la inserción social del psicoanálisis. Nadie es etnólogo en su propia sociedad; pero es fundamental entender el psicoanálisis como un conjunto teórico-práctico y cuya lógica de difusión y cuyas funciones en relación con el conjunto de prácticas que con él coexisten dentro del mismo campo social hay que dilucidar. Sin academicismos. El academicismo faja brazos y piernas. Actúa como si las escuelas fueran eternas, como si la tradición nunca hubiera variado. Daña la libertad, la originalidad, la invención y la audacia. Es el gusto inmoderado por el estilo culto o universitario: una forma de dirigirse a los de la propia parroquia antes que al lector interesado en el tema propuesto.

¿Cómo hemos leído a Freud, a Klein, a Lacan, a Winnicott, a Piera Aulagnier, a los autores norteamericanos contemporáneos, a los argentinos? ¿En busca de desviaciones? ¿En busca de confirmación de una idea previa? ¿Para cumplir con nosotros o con un programa de estudio?
Freud en 1893 decía que el inconsciente es un quiste que hay que extirpar. En 1895 lo piensa como un infiltrado por lo que la meta del psicoanálisis es disolver la resistencia para facilitar la circulación por ámbitos antes bloqueados. Enquistarse o aislarse es el riesgo que corren las instituciones y cada psicoanalista evitando (y hasta sancionado) el intercambio con otras corrientes y otras disciplinas.


Deconstruyendo a Green

¿Como deconstruir al multifacético Green? Marcaré algunos ejes y sólo mencionaré nociones cuyo desarrollo no cabe en el marco de este trabajo.

1) Un Green lector de Freud y de los postfreudianos. Realizó una lectura productiva y retroactiva desde el psicoanálisis actual. No nos resignemos a ser alelados discípulos crónicos. Ni a deponer el entusiasmo, la pasión. Hay pasión cuando nos identificamos con ese Freud dispuesto a cuestionar lo dado, nunca sentado en los laureles. En cambio, si nos dejamos achatar por el gran hombre, la pulsión de saber será reemplazada por la idealización. Hay beneficios secundarios para el psicoanalista que idealiza: elude un duelo y un trabajo. El deseo de no tener que pensar es la victoria de la pulsión de muerte que convierte al pensamiento en ecolalia. Nace de una agorafobia intelectual y de un anhelo de seguridad en las certezas “teóricas”.

2) Un Green polémico: que retomó y cuestionó caballitos de batallas, fueran de Lacan o del psicoanálisis anglosajón, soslayando el eclecticismo.

3) Un Green técnico. Insiste en que el psicoanalista se cuidará de tomar por conocido lo desconocido. Más que una mente en blanco, una mente libre para investir cada proceso analítico en su carácter único. Nuestra práctica consiste en escuchar con atención flotante, representar, fantasear, experimentar afectos, identificarse, recordar, autoanalizarse, contener, señalar, interpretar y construir. Una forma de pensar compleja exige una forma de actuar compleja. “¿Cómo entender la evolución que llevó a los psicoanalistas a moderar sus pretensiones, renunciando a un purismo que terminaba convertido en obstinación un tanto mortífera? […] Tampoco me parece recomendable adoptar una actitud glacial e indiferente frente a los esfuerzos en ocasiones denodados que realiza el paciente”. (Green, 2003).

¿Cómo producir pensamiento clínico capaz de desafiar consensos establecidos? Los adeptos no se interesan por las investigaciones de otras escuelas ni siquiera para rebatirlas. Un “adepto” se adhiere a una doctrina y establece una relación privilegiada con su grupo separándose de su mundo habitual. Esa dependencia requiere un tipo de pertenencia y una modalidad relacional que supone regresiones varias. Diluye su singularidad en una identidad grupal: un microcosmos que posee un lenguaje, ritos y jerga (Hornstein, 2006).

4) Un Green clínico: que abordó diversas patologías y en especial las estructuras no neuróticas como patologías del proceso de subjetivación. Estos pacientes padecen de defectos estructurales: se malogró la síntesis de las identificaciones con una intensidad o duración que podría afectar toda la sintomatología. Y padecen de defectos ocasionales: duelos, traumas actuales, enfermedades orgánicas, que sacuden el psiquismo. En estas patologías el ambiente precoz se presenta como bastante decisivo. Las defensas se organizan en dos niveles, en que predomina la represión y la angustia de castración o bien la escisión y la proyección (estrategias defensivas que tienden a excluir el espacio psíquico interno): defensas por expulsión en el acto y su repetición (adicciones), en el cuerpo (hipocondría y somatizaciones) y en el otro (identificaciones proyectivas).

5) Un Green epistemológico. Enfrentó el desafío de pensar al psicoanálisis dentro del paradigma de la complejidad: determinismo y azar, historia recursiva, el sujeto como devenir, la autoorganización, el psiquismo como un sistema abierto autoorganizador que transforma los ruidos desorganizantes en información complejizante.

6) Un Green interdisciplinario. No hay que asustarse de la crítica. Sólo el ejército, la religión y los sistemas políticos monolíticos la dejan afuera, pero no tanto que no se les cuele por la ventana, en forma de logias, de conciliábulos o de purgas. La crítica ayuda a la autocrítica.

Los cuestionamientos hacia el psicoanálisis tienen dos procedencias. La primera corresponde a las neurociencias y a las ciencias cognitivas. Como ciencias que son, tienen su legalidad pero también su ilegalidad, cuando se extralimitan. Se apoyan en los datos sobre el cerebro y la inteligencia artificial. De ese encuentro que tiende a la «naturalización del pensamiento» se desprende una filosofía. No es posible que el psicoanálisis adopte una actitud caprichosa, de ignorancia o de rechazo.

El segundo tipo de críticas atañen al orden de la cultura. Lo importante es reconocer que, tanto en el sector de las ciencias humanas como en el de las naturales, se formulan interrogantes que la tradición psicoanalítica ya no puede desconocer. Estos cuestionamientos obligan a que el avestruz, si tenía la cabeza debajo del ala, la saque y mire. Existe una causalidad psíquica específica que no se puede reducir ni a la causalidad presente en las ciencias naturales, ni a aquella otra que pudiera desprenderse de las ciencias humanas.
El psiquismo humano está bajo influencia de un doble determinismo, natural y cultural, pero tiene su especificidad y su autonomía relativa. Si el psicoanálisis se duerme en los laureles negándose al debate reflexivo, corre un peligro aún más grande: el de ser asimilado a esas profesiones que forman parte de un sistema de creencias cuyo espectro se extiende desde la astrología hasta el ocultismo (Green, 1995).

7) Un Green teórico (solo enumeraré algunos de los temas que abordó): afectos y representaciones; simbolizaciones; heterogeneidad del significante; consistencia y fronteras del yo; narcisismo de vida y de muerte; pulsión de muerte y desobjetalización; lo negativo; la alucinación negativa. Destacaré su conceptualización del sujeto como proceso heterogéneo de representación que relaciona lo intrapsíquico (centrado en la pulsión) y lo intersubjetivo (centrado en el objeto). El sujeto es una subjetividad encarnada y socializada, biológica y simbólica. El abordaje de la tópica no puede soslayar su heterogeneidad de inscripciones y de memorias, así como la articulación y combinación de fuerza y sentido, de representaciones y de afectos. Una teoría del sujeto debe dar cuenta del pasaje-proceso desde la indiferenciación narcisista hasta la aceptación de la alteridad y del devenir. Lo hará concibiendo al sujeto no sólo identificado sino identificante; no sólo enunciado sino enunciante; no sólo historizado sino historizante; no sólo sujetado sino protagonista (Hornstein, 2000).

Los sujetos son efecto de una interacción constante entre “lo biológico” y “lo social”. La subjetividad navega en un mar de contradicciones. No es alguien transparente, dotado de libre albedrío y dueño de su destino. En vez de libertad, hablemos de “márgenes de maniobra”. Los márgenes de libertad no implican ausencia de coerciones sino, por el contrario, que las coerciones son muchas y variadas. En consecuencia la subjetividad es llevada a tomar decisiones, a elegir dentro del espacio creado por las contradicciones que la atraviesan (Hornstein, 2011a).

El yo es una instancia caracterizada por un cierto tipo de organización que la diferencia de las otras. El sujeto, en cambio, desborda la división en instancias. Cada instancia tiene motivaciones, enfrenta conflictos, establece alianzas. El investimiento narcisista del yo apuntala la autoconservación. Surgen ciertas consecuencias: separación del objeto, capacidad de resistir las intrusiones del objeto y sus variaciones azarosas, tolerancia a la regresión y a la frustración. “Esta visión idílica del yo es enteramente utópica. Su contrapartida es el orgullo narcisista de la autonomía frente al objeto: la autosuficiencia, la necesidad de un dominio permanente, la inclinación a la megalomanía y, por fin, la captura por las identificaciones imaginarias” (Green, 1983).

Hay un devenir identificatorio, un movimiento donde el objeto se transforma en sujeto a través de las vicisitudes pulsionales. A medida que se va construyendo, el yo incorpora rasgos y cualidades de los objetos. El yo es la resultante de transformaciones permanentes de un psiquismo abierto, tanto hacia el mundo interior como hacia el exterior.

Estemos atentos también al horizonte epistemológico. ¿Quiénes son los amigos del psicoanálisis, como diría Derrida? Son aquellas personas que nos ayudan como Castoriadis, como Atlan, como Morín. Fuentes para abrevar. Habermas dijo que el marxismo no era un proyecto superado sino inacabado. Parafraseándolo, Green demuestra que el freudismo no es un proyecto superado sino inacabado.
El trabajo de filiación implica abrir un futuro al pasado, oponiendo un olvido pasivo al olvido activo. El pasivo es el de los fundamentos. Perpetúa todo lo que tiene un valor de origen. El olvido activo es lo que Nietzsche denominó la fuerza del olvido. Ese “hacer lugar a lo nuevo” cumple una función liberadora, evitando la parálisis debido al exceso de memoria.

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