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Europea
de Historia del Psicoanálisis

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De la Ontología del Selbst a la Clínica del Self. Aplicaciones dentro del campo del Padecimiento Psicosomático.

Mauricio Santín Iriarte


Resumen:

En el presente texto se esboza una hipótesis central: El padecimiento psicosomático

corresponde a una manifestación del verdadero self winnicottiano.

Para dicha tarea propongo como sostén los textos de F. Nietzsche, “Así habló Zarathustra”

y “Más allá del bien y del mal”; estos, a su vez, se complementarán con la visión

psicoanalítica de D. W. Winnicott y sus aportes respecto del trastorno psicosomático, el cual

será aquí el protagonista, empero no sin antes habiendo dado cabida a los fundamentos de

esta particular manifestación, los cuales, creo, se remontan a cuestiones tan elementales

como las del Ser. Es pues así que se pretende rastrear retrospectivamente las implicaciones

del cuerpo, particularmente en el acontecer psicosomático, intentando con ello transitar

desde una Ontología del Selbst a una Clínica del Self.

Palabras Clave:

Sí mismo, ello, cuerpo, yo y fenómeno psicosomático.

Abstract:

In the present text, a central hypothesis is outlined: The psychosomatic condition

corresponds to a manifestation of the true self; concept developed by Winnicott.

For this task I propose as support the texts of F. Nietzsche, "Thus Spoke Zarathustra" and

"Beyond Good and Evil"; these, in turn, will complement the psychoanalytic view of D. W.

Winnicott and his input regarding the psychosomatic disorder, which is here the protagonist,

however not before having given way to the basics of this particular manifestation, which, I

believe, go back to such basic issues as the Self. As such it is intended to trace retrospectively

the body implications, particularly in the psychosomatic manifestations, thereby trying to

move from an Ontology of the Selbst to a Clinic of the Self.

Keywords:

Self, Id, body, ego and psychosomatic phenomenon.

Primeras Consideraciones:

Nietzsche, al tratar de explicar el Selbst de Así habló Zarathustra hace uso del Es (ello) de

Más allá del bien y del mal, reconociendo en ambos que se trata de una ficción necesaria, una


* Psicólogo Clínico – Psicoanalista

Pasaje Marimon, 7. Principal 2. 08021 Barcelona, España

Tel: (0034) 672 299 116

masantin@yahoo.com


construcción lógica que no deja de ser un error útil para dar cabida a eso que llamaremos

aquí subjetividad. Nietzsche al saber del error cartesiano dice: “Un pensamiento viene

cuando él quiere y no cuando yo quiero, de modo que es un falseamiento de la realidad

efectiva decir: el sujeto yo es la condición del predicado pienso.” Este parece ser el

comienzo de cierto origen interrogativo, es decir, un sujeto por ser predicado, un ¿pienso yo?

Para ilustrar esta intrincada concepción, aludiré a un fenómeno bastante común en nuestros

días y que tiene sus fundamentos en estas cuestiones del Ser. Me refiero a cuestiones tan

propias como las del cuerpo; el cómo y el qué se pone en juego allí cuando éste parece tener

independencia. Más precisamente, haré alusión a las cuestiones psicosomáticas.

La propuesta inicial es plantear cierta reciprocidad entre el pienso y el cuerpo (pienso =

cuerpo). El cuerpo, dice Nietzsche en Así habló Zarathustra, “es una gran razón, una

pluralidad dotada de un único sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor.

Instrumento de tu cuerpo es también tu pequeña razón, hermano mío, a la llamas espíritu, un

pequeño instrumento y un pequeño juguete de tu gran razón... Instrumentos y juguetes son el

sentido y el espíritu: tras ellos se encuentra todavía el sí-mismo (Selbst). Detrás de tus

pensamientos y sentimientos, hermano mío, se encuentra un soberano poderoso, un sabio

desconocido –llámese sí mismo-. En tu cuerpo habita, es tu cuerpo.” ¿Esto quiere decir que

el cuerpo podría actuar con autonomía? ¿Autonomía respecto de qué?

Ello como lo que Es (valga por el alemán) una necesidad del cuerpo (Leib) en el sí mismo

(Selbst) puede dar cabida a la subjetividad. Es pues del dar cuenta de qué; de aquello que nos

antecede y que nos habita, del cómo podremos nominarnos como sujetos. Es decir del trípode

equiparable que nos vuelve confuso:

 

“En definitiva, decir ello piensa (Es Denkt) es ya decir demasiado: ya ese ello (Es) contiene

una interpretación del proceso –historia de quien lo porta- y no forma parte del mismo”2. Se

diferencia por lo tanto, aunque lo involucra. “Quien obra y actúa es el cuerpo, el yo es

resultado de ese actuar. Y el cuerpo es otro término para el ello. Ello (Es), cuerpo (Leib), sí

mismo (Selbst) son términos que, como veremos a lo largo de este trabajo, resultan en más de

un aspecto equiparables, es decir, son ficciones que cubren campos semánticos muy cercanos

entre sí.”3 Es de antemano, como he dicho, confusa la nominación a partir de los dichos.

Desde la lengua (s) o labio (s) y la incorporación e identificación que de allí surge; ¿cómo

sería entonces si la falla se pudiese ubicar previa a la diferenciación (sujeto-objeto, yo-no

yo), es decir desde el narcisismo primario descrito por Freud, previo a la integración psique-

soma que describe Winnicott? ¿Qué estatuto funciona allí desde el ello, desde el cuerpo y

desde el sí mismo? ¿Existe sujeto allí, y si es que lo hay, sujeto de dónde se encuentra? ¿Es

el propio (sí-mismo) cuerpo el que le sirve de sostén para evidenciar aquello que aconteció y

que Es (ello)?

Nietzsche –dice Cragnolini- le está dando a este sí mismo (aquél que la modernidad ha

pensado como el hábito más puro de la subjetividad consciente y presente a sí misma),

caracteres diferentes, bien diferentes –por momentos, opuestos- a los pensados por la

filosofía moderna. Tan diferentes como lo puede ser algo del orden de la identificación

versus la subjetividad4. La diferencia es tan vasta como la creencia de que aquél síntoma

tiene autonomía. Se trata aquí de lo radicalmente opuesto a la subjetividad, aunque no de la

singularidad, pues ésta, es la vía o acceso a eso que está aconteciendo de forma sintomática o

no. El punto –me parece- está en saber diferenciar si se trata de algo del orden tanático o del

orden del deseo, pensando a este último como el origen de la subjetividad en tanto

diferenciación del medio identificatorio y con posibilidad de vínculos hasta ahora negados

tan sólo por la falta de diferenciación de aquellas multiplicidades reunidas y acontecidas en el

yo.

El Selbst al que alude Nietzsche surge de todas estas concepciones. El sí mismo denota un

espacio de constitución de sí (en el plano de la autorrepresentación), de certeza de sí (en la

posibilidad de reunión de las autopercepciones), de presencia a sí, y de dominio de sí. Es

necesario estar en el modo de la presencia –es decir de la experiencia, del vivenciar desde la

ligadura para poder unificar. Se trata aquí de la integración; de no ser posible ello se tiende a

la escisión (Spaltung) o a la fragmentación (Splitting)5, características ambas encontradas en

trastornos graves desde la psicopatología. ¿Qué pasará entonces si esto no sólo no se unifica,

sino que permanece en el terreno del repudio (Verwerfung)? ¿Será posible dar cuenta del

trauma sin acceder a la sintomatología6? Es decir, ¿Cuál sería el proceso si de lo que se trata

no accede al estatuto de síntoma?, ¿Se tratará entonces de algo en torno a lo no dado, no

concebido?

La Perspectiva Psicosomática:

En este apartado aludiré algunas cuestiones referentes al tema específicamente

psicosomático, no sin evidenciar algunas relaciones y posibles vínculos entre el primer autor

y éste. Me refiero a Donald W. Winnicott (1896-1971). Para este autor, el yo del lactante se


3 Ídem.

4 La diferencia fundamental entre una y otra es que la identificación alude a todas aquellas manifestaciones

que son productos de la herencia; mientras que la subjetividad comienza por el cuestionamiento de esas

herencias.

5 Conceptos que refieren mecanismos defensivos primarios. Véase S. Freud y S. Ferenczi respectivamente.

6 Me refiero aquí al síntoma como posibilidad asociativa, simbólica y en función de un representante,

representativo.


encamina hacia un estado en el que las exigencias instintivas se experimentan como parte del

Self y no del entorno. Winnicott establece un paralelismo entre Self verdadero y Self falso:

retoma con esto la distinción freudiana entre, por un lado, una parte central del yo gobernada

por las pulsiones o por lo que Freud llama sexualidad pregenital y genital, y, por otro lado,

una parte dirigida hacia el exterior, que establece relaciones con el mundo.

El falso Self está representado –sobre todo en la salud- por toda la organización que se

construye sobre la base de una actitud social cortés, de buenos modales y cierta contención.

El Self verdadero es espontáneo, y los acontecimientos del mundo se han acordado a esta

espontaneidad a causa de la adaptación producida por una madre suficientemente buena.

Ahora bien ¿cómo influye esto en el tema que aquí intento desarrollar y qué tiene que ver el

ello (Es), con el cuerpo (Leib) y con el sí mismo (Selbst) respecto de la posición

psicosomática? Para intentar responder a ello, haré uso de algunas concepciones

winnicottianas referentes a dicha problemática.

La mente influye al cuerpo y viceversa y para estudiar el concepto de mente –dice Winnicott-

es siempre necesario estudiar a un individuo total, como unidad que incluye su desarrollo

desde el comienzo mismo de su existencia psicosomática. Así, en dicho estudio de un

individuo en vías de desarrollo es muy probable que encontrásemos que la mente está

creándose una identidad falsa y una localización falsa. Los trastornos psicosomáticos, que se

hallan a medio camino entre lo mental y lo físico, se encuentran en una posición más bien

precaria. He aquí una mente, una psique y un soma que no deben distinguirse más que con

arreglo a la perspectiva del observador. Uno puede mirar al cuerpo en desarrollo o a la psique

igualmente en desarrollo, pues esta interrelación de la psique con el soma constituye una fase

temprana del desarrollo individual; en una fase posterior, el cuerpo vivo, con sus límites, y

con un interior y un exterior, es percibido por el individuo como parte del núcleo del ser

imaginativo.

Supongamos, dice Winnicott, que en el desarrollo precoz de un individuo, salud implica

continuidad en el ser. El psiquesoma precoz se mueve a tenor de cierta línea de desarrollo

siempre y cuando su continuidad de ser no se vea turbada; dicho de otro modo, para el

desarrollo sano del psiquesoma precoz hace falta un medio perfecto. El medio ambiente es

aquel que se adapta activamente a las necesidades del psiquesoma recién formado, aquello

que los observadores saben que al principio constituye el pequeño. El mal medio es malo

porque debido al fracaso de la adaptación se convierte en un ataque contra el psiquesoma,

ataque ante el cual el psiquesoma (es decir, el pequeño) debe reaccionar7. Esta reacción turba

la continuidad existencial del nuevo individuo. En los comienzos, el buen medio es físico

dice Winnicott, a lo que aquí cabria agregar: ¿si no es un buen medio físico, se va en contra

de lo físico?; es decir, ¿a través del cuerpo como representante de ese físico inadecuado o

perturbador?

Como sabemos, la necesidad, al principio, es absoluta, de un buen medio ambiente se

convierte –dicha necesidad- rápidamente en relativa. La madre buena corriente ya es


7 Vale aquí hacer cierta analogía con lo planteado por Freud en 1895 como barrera contacto, es decir, como

esos dispositivos que limitan el libre flujo de la excitación de una neurona a otra con la consiguiente

acumulación de excitación en el interior del mismo.


suficiente. Si es lo suficientemente buena, el pequeño, por la actividad mental, sabrá tolerar

sus deficiencias. La actividad mental del pequeño hace que un medio suficiente se transforme

en uno perfecto, es decir, convierte el fallo de la adaptación en un éxito. Lo que libera a la

madre de ser casi perfecta en la comprensión del pequeño. Podemos decir, hablando en

términos generales, que la madre procura que el mundo del pequeño sea lo más sencillo

posible. Y así, evitar su sobre adaptación; pues si bien sabemos ciertos tipos de fallo materno,

especialmente de comportamiento, producen una sobre actividad del funcionamiento mental.

Dicha sobre actividad (cantidad), de la función mental reactiva ante una maternalización

errática, puede desarrollar una oposición entre la madre y el psiquesoma, ya que, en reacción

a este estado ambiental anormal, el pensamiento del individuo empieza a asumir el control y

a organizar el cuidado del psiquesoma, mientras que en condiciones saludables esto es

función del medio. En estado de salud, la mente no usurpa la función del medio, sino que

posibilita una comprensión y eventual aprovechamiento de su fallo relativo, empero de no ser

así se imposibilita el paso de cantidad a la cualidad; o lo que sería lo mismo en términos

winnicottianos, un resultante de la sobre actividad y/o el crecimiento excesivo de la función

mental reactiva (del pequeño ante el medio) como consecuencia de una maternidad errática, a

la comprensión y necesidad de ese infante.

Es esta una situación sumamente incómoda, especialmente debido a que la psique del

individuo es seducida a entrar en la mente8, haciéndose cargo de algo que no puede (por

maduración) ni debe (por función); lo cual repercute en un distanciamiento de su íntima

relación, la que originariamente sostenía con el soma. Es decir se introduce a la mente (como

elemento) aún sin haber pasado y/o desarrollado lo previo: el soma, lo físico (como

condición). Se anticipa un proceso, un intento de psiquización, cuando no existen todavía las

condiciones para Ello9.

La persona cuyo desarrollo se dé según esta modalidad, mostrará un patrón deformado que

afecta a todas las demás etapas del desarrollo. Por ejemplo –comenta Winnicott-, puede que

se observe una tendencia a la fácil identificación con el aspecto ambiental de todas las

relaciones que impliquen dependencia, así como una dificultad en la identificación con el

individuo dependiente. Con ello, vemos que existe en esa dependencia una indispensabilidad

ante el objeto, pues es éste el que hace que pueda valerse por sí mismo. De no ser así se

cierne la amenaza del derrumbamiento.

Es así como llegamos a un interrogante obvio ¿el paciente psicosomático teme algo que ya

ocurrió? ¿Esto –de haber ocurrido- tiene que ver con esa indefensión ante el medio? Para

esbozar algunas posibles respuestas, haré uso del articulo “miedo al derrumbe109”. En este,


8 Winnicott diferencia los conceptos de mente, psique y soma, siendo la mente aquello que tiene por función

lo racional, lo cognitivo y los procesos que de allí se desprenden. La psique es entonces el intermediario entre

esa mente y ese soma, es el guión que tanto separa, como une, es la instancia que posibilita la unidad.

Empero, de saber tales condiciones, tales eventos (sobre actividad: cantidad), se tiende a esa sobre adaptación

de la que hablábamos, no como proceso de desarrollo, sino como algo impuesto.

9 La cursiva es sugerente y atiende a una doble posibilidad. Primero por el juego que resulta evidente entre el

concepto en alemán (Es = Ello) y en castellano Es (del ser). Lo anterior considerando a Ello, en tanto

pronombre personal neutro, y como tal, reproduce, generalmente, oraciones enteras. Es de aquí que su uso

más frecuente es el de término de una pre-posición (posición que no está demás subrayar). Y segundo por la

famosa frase freudiana de su texto “El yo y el ello” (1923): “Donde ello era, yo debe advenir”; en donde,

además, se entiende que el yo es un yo-cuerpo.


Winnicott nos comenta que el miedo al derrumbe se vincula con la experiencia previa del

individuo y con factores ambientales aleatorios. Y que a su vez está ligado con una falla de la

organización de las defensas, pero se pregunta de inmediato ¿defensas contra qué? Lo que lo

lleva a un significado más profundo del término, refiriéndose a ese estado de cosas

impensables que están por debajo de la organización de las defensas; así, podemos ya

vislumbrar una serie de nuevas interrogantes, por ejemplo: ¿Es el derrumbe el estado

considerado como la indefensión? ¿Podría haber algún vínculo entre esta indefensión con la

expuesta anteriormente del niño ante ese medio no suficientemente bueno? ¿Es esta

indefensión la que nos conduce a la problemática del psicosomático?

Winnicott dice al respecto que si bien es útil pensar que en el ámbito de las psiconeurosis lo

que subyace en las defensas es la angustia de castración, en el ámbito de los fenómenos

psicóticos lo que se aprecia es un derrumbe del establecimiento del self unitario. El yo

organiza defensas contra el derrumbe de la organización yoica, que es la amenazada, pero

nada puede organizar contra la falla ambiental en tanto y en cuanto la dependencia es un

hecho viviente (externo); lo cual, parece, que a su vez se relaciona directamente con el

paciente psicosomático, pues éste también parte de una falla ambiental primaria. Ahora bien,

y creo importante mencionar, que no se debe confundir un punto de fallo o carencia con una

patología como tal, quiero decir, una cosa es que tanto el psicosomático como el psicótico

puedan o no coincidir en un punto de fijación, en esa marca que les demarcará el desarrollo

ulterior, y otra, muy diferente, es que sean sinónimos y/o equivalentes. Ahora bien,

podemos, creo yo, observar en ambas una existencia de las llamadas “agonías primitivas” en

tanto que aluden a ese retorno de no integración, a la pérdida de la relación psicosomática, a

la falla de residencia (despersonalización) y a la pérdida de la capacidad para relacionarse

con los objetos; no sin antes y habiendo aclarando, que todo esto ocurre debido a que el yo es

demasiado inmaduro como para recoger todos los fenómenos dentro del ámbito de la

omnipotencia personal, lo cual –por inmadurez e impotencia- se transforma en tóxico. De

esta manera, el individuo llega a sentirse responsable por el mal medio ambiente del que en

realidad no es responsable y al que (si lo supiera) –dice Winnicott- podría echar la culpa de

haber turbado la continuidad de su proceso innato de desarrollo antes de que el psiquesoma

se hubiese organizado lo suficiente para odiar o amar. En lugar de odiar estos fallos

ambientales, el individuo se desorganizó por culpa de ellos debido a que el proceso existió

con anterioridad al odio. Así el sujeto psicosomático parece rendirle culto a este medio, como

algo adorado e intocable, pues le resulta impensable odiar y/o menospreciar algo de este

objeto (medio).

Parece entonces que así, a través del amor y del odio, nos podemos adentrar en el deseo del

paciente psicosomático, no sin antes habiendo considerado la presión ejercida desde el

exterior, en tanto que no es cumplida la función del medio (madre) como protección, lo que

genera toxicidad, siendo el infante el que se tiene que sobre adaptar para poder llevar a algún

puerto esa “relación”. Es pues esta presión1110 la que desborda por exceso, y es también esa

presión la que genera dos posibles vertientes: interna y externa. ¿Es esa presión a la que


9 D, Winnicott (1963). En exploraciones psicoanalíticas I. Considérese que el derrumbe entre otras acepciones

puede ser también: quiebra, colapso, desperfecto, avería, malogro, fracaso o resquebrajamiento. El término

en ingles es igual de ambiguo (breakdown).

10 No olvidemos que presión también es aquella influencia o coacción que se ejerce sobre una persona o cuerpo para determinar sus actos o consecuencias, mismos que provienen de un primer cuerpo o fuerza.


alude el exceso de cantidad; en un primer momento exterior, pero en uno segundo interior? es

decir, ¿será ese objeto, exterior en un primer momento, que se ha identificado e

indiferenciado, en un segundo, lo que podría manifestar el fenómeno psicosomático?

Jay Frankel (2002), citado por Neri Daurella en: “Descubriendo a Ferenczi y su legado”1211,

explora el concepto ferencziano de la identificación con el agresor y dice que se refiere a

nuestra respuesta defensiva cuando nos sentimos presionados por la amenaza, cuando hemos

perdido la sensación de que el mundo nos protegerá, cuando estamos en peligro sin

posibilidad de escapar. Entonces hacemos desaparecer nuestro self. Disociamos la

experiencia presente: como los camaleones, nos mimetizamos con el mundo que nos rodea,

exactamente con aquello que nos da miedo, para protegernos. Dejamos de ser nosotros

mismos (verdadero self winnicotiano) y nos transformamos en la imagen que otro tiene de

nosotros (generando un falso self desde la perspectiva de Winnicott). Y todo esto de una

manera automática.

Ahora bien, como apunta Daurella, se trata de un fenómeno que se denomina cripsis que

viene del griego kriptos (escondido), y “se define como la adaptación gracias a la cual un

animal es difícilmente visible en su medio ambiente habitual porque adopta su coloración o

copia sus estructuras. Por lo general, los mecanismos de cripsis se adoptan como camuflaje y

defensa, para protegerse de los mecanismos de defensa psicológicos que tiene unas raíces

instintivas muy claras, al servicio de la supervivencia.”1312 Queda claro, hasta aquí, que

podemos considerar a esta cripsis como una modalidad de defensa, empero cómo vincularla -

si se puede- con el padecimiento psicosomático.

Winnicott menciona que uno de los objetivos de la enfermedad psicosomática es apartar a la

psique de la mente y devolverla a su originaria e íntima asociación con el soma. Dicha

lejanía no ocurre de manera azarosa, sino que tiene un motivo muy específico y es el de

mantener la defensa contra aquello que ya ocurrió: Mal medio, madre no suficientemente

buena, desamparo, derrumbe, sobreadaptación. ¿Cuál, entonces, es el método para la

manutención de dicha defensa? La represión de lo imaginario diría Sami Alí.

Sami Alí, propone como punto nodal en la problemática del psicosomático, la represión de lo

imaginario; sin embargo, debemos entender a este concepto, “represión del imaginario”,

como el que se halla en una represión lograda de esa función: el imaginario. Es decir, ésta,

viene a tapar a bloquear esa función; lo que se reprime es todo lo que nos ubicaría en el lugar

de sujetos. El concepto de represión que propone Sami Alí, no opera sobre ese representante

representativo (modalidad típica en la represión), sino que afecta directamente a la función

del imaginario. Es decir, no hay mediación (representación) es directo, lo cual lo vincula

más al concepto de renegación; específicamente, como el modo en el cual el sujeto rehúsa

reconocer la realidad de una percepción traumatizante. Esta escisión debe diferenciarse de

la división que instituye en la persona toda represión neurótica:

1.- Se trata de la coexistencia de dos tipos distintos defensa del yo, y no de un conflicto entre

el yo y el ello (caso de neurosis).


11 Ponencia presentada en la jornada del 18 de octubre de 2014 organizada por la Asociación Europea de

Historia del Psicoanálisis (AEHP) sobre “El legado de Ferenczi y su influencia en Winnicott”.

http://www.historia-psicoanalisis.es/doc_pub_det38.php

12 Neri Daurella (2014) “DESCUBRIENDO A FERENCZI Y SU LEGADO”.


2.- Una de las defensas del yo afecta a la realidad exterior (podríamos decir aquí; al

imaginario): renegando de una percepción.

La renegación no sólo se refiere a una afirmación a la que uno se opone, sino también a un

derecho o a un bien al que se rehúsa. Por ejemplo: la sexualidad en el caso de la histeria; es

decir una sexualidad genital (de sujeto a sujeto) y no de sujeto a objeto, siendo este último

sustituto del padre; o bien si se quiere al modo fetiche, en donde quizás es más clara la

diferenciación. En el caso del psicosomático se trata de un derecho más primario, que aunque

se reniega como consecuencia del vínculo, va en función de la diferenciación, es decir de la

subjetivización. ¿Qué sucede entonces? Se adapta, se kripta, se esconde.

La función defensiva del falso self consiste en ocultar y proteger al verdadero self. “El

concepto de falso self precisa del equilibrio que ofrece la formulación de lo que con todo

derecho podemos denominar verdadero self. En la fase más precoz, el self verdadero consiste

en la posición teórica de donde proceden el gesto espontaneo y la idea personal. El gesto

espontaneo representa el verdadero self en acción. Solo el self verdadero es capaz de crear y

de ser sentido como real. La existencia de un falso self, por el contrario, produce una

sensación de irrealidad o un sentimiento de futilidad. Si logra cumplir su función, el falso self

oculta al verdadero self o, si no, encuentra la forma de que el verdadero empiece a vivir.”1413

Winnicott distingue 5 tipos de falso self, que ubica de mayor a menor gravedad:

1) El self falso se establece como real. Fracasa al no poder responder como persona

completa.

2) Un ser falso que oculta al verdadero, que lo protege de las adversidades de un

ambiente enfermo, pero que le permite una suerte de vida secreta.

3) Un ser falso que va en la búsqueda de encontrar y brindar las condiciones para que

el verdadero self pueda existir. En caso de no encontrar esas condiciones, se puede

aparecer el suicidio como resultado clínico. El suicidio lo organiza el falso self para

salvar al verdadero de su aniquilamiento.

4) Un ser falso construido sobre identificaciones.

5) El falso self de la salud, representado por la actitud cordial y cortés. Tiene que ver

con la capacidad el individuo de renunciar a la omnipotencia y al funcionamiento

del proceso primario. Le permite a la persona obtener un lugar en la sociedad que

no habría podido alcanzar solamente a costas del verdadero self.

Una cuestión medular para Winnicott es que el trastorno psicosomático o la enfermedad

psicosomática, no reside en el estado clínico, tal como se manifiesta en una patología

somática o en un funcionamiento patológico (colitis, asma, eccema crónico, etc.) Lo que

constituye la verdadera enfermedad es la persistencia de una escisión en la organización

yoica del paciente, o de disociaciones múltiples; así pues, comenta, el guión (psico-somático)

articula y separa a la vez. Y lo que otorga cohesión –sigue Winnicott- a nuestro trabajo en el

terreno de lo psicosomático es la escisión patológica que practica el paciente en la provisión

ambiental. Esa escisión separa por cierto el cuidado físico de la comprensión intelectual, y lo

que es más importante, separa el cuidado de la psique del cuidado del soma. Existe entonces


13 Winnicott, (1960). En “La distorsión del yo en términos de self verdadero y falso.” Pág. 179. Ed. Laia.


una dificultad real insuperable, la disociación del paciente, que como defensa organizada

mantiene separada la disfunción somática del conflicto psíquico.

Es importante aclarar que para este autor hay una fuerte división entre el auténtico caso

psicosomático, y el problema clínico casi universal de un compromiso funcional en los

procesos emocionales y conflictos psíquicos1514. Aunque sin embargo no hay esfera alguna

del desarrollo de la personalidad que se salve de quedar involucrada en un estudio del

trastorno psicosomático; pues como lo diría Freud, habrá tantas corrientes psíquicas como

mociones pulsionales existan. Sin embargo aquí, vemos una con singulares propiedades; es

decir, la necesidad interna que es parte de un sistema defensivo muy bien organizado y

vigorosamente mantenido, en el cual las defensas se levantan contra los peligros que emanan

de la integración y del logro de una personalidad unificada. La enfermedad psicosomática es

el negativo de un positivo, que es la tendencia a la integración, en varios de sus significados

incluyendo la despersonalización1615. El positivo es la tendencia heredada de cada individuo a

alcanzar la unidad de psique y soma, una identidad experiencial del espíritu o psique y la

totalidad del funcionamiento corporal. En otras palabras, tal como lo dijera Freud, el yo se

basa sobre un yo corporal; así la disociación psicosomática altera precisamente el significado

de “Yo” y de “Yo soy”. O bien como dice Winnicott; la escisión entre psique y soma es un

fenómeno retrogresivo que recurre a residuos arcaicos para establecer una organización

defensiva. En contraste con ello, la tendencia a la integración psicosomática forma parte de

un movimiento progresivo en el proceso del desarrollo. Escisión es aquí el sustituto de

represión, que es el término apropiado para una organización más compleja, más elaborada

y/o con mayores recursos. Si lo anterior es válido –comenta Winnicott- debería ser posible

clasificar las enfermedades psicosomáticas de acuerdo con la teoría de los procesos

madurativos, incluyendo dos ideas principales:

1.- Un estado de no integración primario, con tendencia a la integración. En donde el

resultado depende de: a) el esfuerzo yoico de la madre, basado en su capacidad de

adaptación, que confiera realidad al yo del bebé en su dependencia. Es decir capacidad de

tramitación del infante, ante esa toxicidad como cantidad en sobre estimulo. Y b) la falla

materna, que deje al bebé carente de los elementos esenciales para que operen los procesos

madurativos.

2.- La integración psicosomática o el logro de la residencia de la psique en el soma, seguido

del usufructo de la unidad psicosomática en la experiencia. Puesto que no solo el usufructo

del funcionamiento corporal refuerza el desarrollo yoico, sino que el desarrollo yoico

refuerza el desarrollo corporal de igual manera. (Cuerpo Yo). La falla evolutiva en

estos aspectos tiene como resultado una residencia incierta, o bien conduce a la

despersonalización, en la medida en que dicha residencia es un atributo que puede perderse.

Es decir esa seudo-identidad que parte del objeto (medio) que ha estado y no, de manera

constitutiva en la inmadurez yoica del sujeto.


14 Dice Winnicott: “No necesariamente llamaré psicosomático el caso de un paciente cuya dismenorrea está relacionada con componentes anales de la organización genital, ni tampoco el de un hombre que, en determinadas circunstancias, se ve urgido a orinar. Estas son cosas de la vida y del vivir. Pero sí puede rotularse de psicosomático al paciente que sostiene que un deslizamiento de vértebras se debe a una sequía.” O algún otro que no puede siquiera lograr alguna concatenación al respecto.

15 Véase Sami Alí. (1996) “Cuerpo real, cuerpo imaginario”. Ed Paidós. Bs As, Argentina. Específicamente capítulos 1 y 2.


Por consiguiente podríamos agregar desde las bases winnicottianas que el trastorno

psicosomático se relaciona con un yo débil, con una instauración endeble de la residencia en

el desarrollo personal y/o con el repliegue respecto del yo soy y del mundo. De manera que la

enfermedad psicosomática implica una escisión en la personalidad del individuo, con un

débil nexo entre psique y soma, o bien, una escisión mental organizada como defensa contra

la persecución generalizada del mundo (medio) repudiado. Para comprender esto debe

recordarse que la defensa se organiza no sólo a modo de una escisión que protege contra la

aniquilación, sino también como protección del psique-soma frente a una huida hacia la

existencia intelectualizada o hacia proezas sexuales compulsivas que harían caso omiso de

los reclamos de una psique edificada y mantenida sobre la base del funcionamiento somático.

Es decir que se encuentra en déficit. Pero no de cualquier déficit, sino del inicial, del

primario, de ese que se desprende la tan necesaria subjetividad, propia del ser (del self, del

selbst) y no del tener.

Nuestra difícil tarea, tal y como lo dice Winnicott, consiste en formarnos una idea unificada

del paciente y de la enfermedad sin aparentar hacerlo de un modo que anticipe a la capacidad

del paciente para lograr su integración unitaria. Puesto que la verdadera enfermedad del

psicosomático es la escisión de la personalidad, organizada a partir de su debilidad yoica1716 y

mantenida como defensa contra la amenaza de aniquilación (breakdown) en el momento de

integración. Es pues de esa integración, es decir de esos guiones, puentes y construcciones

que puede darse origen a ese self como sí mismo; que de no hacerse, o contemplarse, ni

siquiera existe la posibilidad de un sujeto, es por ello, por eso (por Es), que forma parte

constitutiva del proceder psicosomático, por la simple razón de sobrevivencia y existencia.

De la Ontología del Selbst a la Clínica del Self:

“El sí mismo de Nietzsche es precisamente aquello que más molesta al Selbst de la

modernidad: el cuerpo. Por que el cuerpo es lo que impide el auténtico conocimiento de sí: el

cuerpo entorpece la labor del espíritu con sus exigencias, interrumpe el proceso de

transparencia de la conciencia a sí misma, obstaculiza, con la multiplicidad de sus

necesidades, la posibilidad de “reunión a sí”. El cuerpo disgrega y dificulta, por eso debe ser

sometido y encauzado correctamente.”1817 Entonces ¿se podría decir que es el accionar del

cuerpo una mera reacción defensiva que impide el surgimiento de lo que allí pugna por

aparecer? y/o ¿es este el indicio real, auténtico, original que da comienzo a una designación

que contempla aspectos tan trascendentes como lo es la nominación, lo fundacional para ese

sujeto en cuestión?

Se trata quizás de dos tipos diferentes de cuerpo, y del conocimiento que uno u otro hace con

este. Es decir el que accede al orden simbólico y el que no. Y es mi interés ahondar aquí en el

que precisamente no lo hace. Pues finalmente para Nietzsche -como nos lo dice Cragnolini

(2005)- quien “sabe” es el cuerpo y no existe otro “que sabe” acerca del cuerpo. Es pues así

que el “cuerpo piensa”, “ello piensa” “ningún yo, ningún sujeto, “ello”. El cuerpo es el Selbst

como pluralidad de voliciones y entrecruzamientos de fuerzas, pluralidad que “usa”1918 la


16 Por el momento de indefensión e inmadurez en el que se encontraba ante ese medio desprovisto de cualidad protectora y cualificadora.

17 Cragnolini, M. (2005) “Ello piensa: la “otra” razón, la del cuerpo”. En: El problema económico. Ediciones Imago Mundi.


razón como su instrumento, su medio para conseguir determinados resultados. El sujeto

consciente de sus representaciones se conoce a sí mismo -su Selbst- tanto en sus aspectos

cognoscitivos como en sus aspectos morales. El paciente psicosomático sin embargo, lejos

está de poder hacerlo, empero sin lugar a dudas lo interesante transcurre de ahora en más en

el cuerpo, un escenario –paradójicamente de la no representación, en la medida en que es el

lugar de los procesos de lo impersonal o lo neutro, es decir del ello. Es allí donde encuentra

su lugar. Un lugar que posibilita un acontecimiento.

Y de qué clase de acontecimiento estamos hablando. Vamos a allá. “Se piensa, y el yo cree

ser el dueño del proceso del pensar, en realidad es “pensado” porque es producto, el yo que

se cree director del proceso interpretativo, es interpretado es un efecto de la interpretación.”20

19 Para que haya yo debe haber otro2120, la cuestión del otro es previa a toda representación

del yo, de allí que se halle –el yo- en posibilidad de acceder a alguna representación. En

síntesis, el sujeto no es sin el yo, aunque podríamos decir también que el sujeto no es sin el

otro (sin el objeto). Empero ¿cuál es la relación de este yo con el objeto en la patología del

psicosomático? ¿Existe alguna? ¿Es el cuerpo el que la evidencia? ¿Se trata entonces de

aquello que el cuerpo (como ficción explicativa2221) sabe, y que el yo se niega a asumir pues

nada de novedoso hay allí? Yendo más allá, ¿Sería posible establecer o simplemente

modificar la fórmula de: “para que haya yo debe haber otro” a para que haya yo debe haber

cuerpo?

Blanchot en “el diálogo inconcluso” caracteriza este tipo de interpretación, la que aquí le

podríamos adjudicar al cuerpo, como un “devenir neutro”: sin sujeto, sin objeto y sin

identidad. El cuerpo como el lugar del discurso del psicosomático en un acontecer; o mejor

dicho un Aconte-Ser; uno, en relación con el Selbst y el cuerpo, el propio en su relación con

el soma.

Finalmente y para concluir, se sabe que el estar desapropiado de un saber respecto de sí,

supone cierta desorganización que nos puede inclusive llevar a un estado tanático; hasta,

quizás, el arribo de cualquier cuestión nominativa o fundacional, esa que da entrada a cierto

saber respecto de lo que uno Es, sabiendo ya sus implicaciones.


18 Winnicott tiene una particular visión de este concepto en la clínica con pacientes graves; y se refiere a la posibilidad que se desprende de cierto desarrollo en cuanto al objeto y a su incorporación, es así que se puede hacer uso de él y de lo que de él se desprende, incluyendo la interpretación. La cuestión es qué tanto este tipo de pacientes, en especial los psicosomáticos, pueden hacer uso, en este caso de su propio cuerpo. La respuesta parece oscilar entre la posibilidad e imposibilidad de representación. La capacidad para usar un objeto –dice Winnicott- es más complicada que la aptitud para relacionarse con objetos; y la relación pude ser con un objeto subjetivo, en tanto que el uso implica que el objeto forma parte de la realidad exterior. Es posible -dice en “Realidad y Juego” (1971)- observar la siguiente secuencia: 1) el sujeto se relaciona con el objeto. 2) el objeto está a punto de ser hallado por el sujeto, en lugar de ser ubicado por este en el mundo. 3) el sujeto destruye el objeto. 4) el objeto sobrevive a la destrucción. 5) el sujeto puede usar al objeto.

19 Cragnolini, M. (2005) “ Ello piensa: la “otra” razón, la del cuerpo”. En: El problema económico. Ediciones Imago Mundi.

20 Otro que en un inicio es objeto de manera subjetiva, el cual con el desarrollo del yo se convertirá en sujeto, es decir diferente de mí. Relación yo no-yo y natural en todo proceso evolutivo.

21 “Nietzsche advierte una y otra vez este peligro: pensemos el cuerpo en primer lugar, pero solo como hilo conductor, o como ficción explicativa de ciertos fenómenos. Porque el cuerpo, o el ello, también son solo residuos, sólo restos.” Cragnolini (2005).


¿Será entonces ese acontecimiento el que ocurre en el cuerpo del psicosomático?

En síntesis la propuesta es la siguiente:

El sí mismo sólo se podrá expresar de forma auténtica a través del cuerpo, que a su vez es lo

que se Es (ello), empero que sólo tiene cabida a partir de la posibilidad de representación, es

decir, de su sucesión en el yo en tanto diferente del objeto, del otro.

Bibliografía:

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el pensamiento nietzscheano”. En “Estudios sobre Nietzsche” Revista de la sociedad española de

estudios sobre F. Nietzsche. N°1 Año 2001.

 Cragnolini, M. (2005) “Ello piensa: la “otra” razón, la del cuerpo”. En “El problema

económico” Ediciones Imago Mundi.

 Derrida, J. (1987) “Torres de Babel” Revista de filosofía N° 5 Año 1987.

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 Laplanche. J y Pontalis, J. (1996) “Diccionario de Psicoanálisis” Ed. Paidós Barcelona.

España.

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 Marty, P. (1995) “Psicosomática del adulto” Ed. Amorrortu. Bs As, Argentina.

 Marty, P. (1995) “El orden psicosomático” Ed Promolibro. Valencia, España.

 Tenorio de Calatroni, M. (1998) “Pierre Marty y la psicosomática” Ed. Amorrortu. Bs As,

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 Nietzsche, F. (1885) “Así habló Zarathustra”. Ed. Valdemar 2005.

 Nietzsche, F. (1886) “Más allá del bien y del mal”. Ed. Porrua 1999 México D.F.

 Sami Alí. (1994) “Pensar lo somático”. Ed Paidós. Bs As, Argentina.

 Sami Alí. (1996) “Cuerpo real, cuerpo imaginario”. Ed Paidós. Bs As, Argentina.

 Winnicott, D. (1958) “Escritos de pediatría y psicoanálisis” Ed. Laia. 1979. Barcelona, España.

 Winnicott, D. (1971) “Realidad y juego” Ed. Gedisa. 2005. Barcelona, España.

 Winnicott, D. (1991) “Exploraciones psicoanalíticas I” Ed. Paidós. Bs As, Argentina.

Winnicott, D. (1993) “Exploraciones psicoanalíticas II” Ed. Paidós. Bs As, Argentina.


 





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