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de Historia del Psicoanálisis

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El Padecimiento Psicosomático desde Freud

Por Mauricio Santín Iriarte

Psicólogo Clínico y Psicoanalista *

 

 

Son muchas las concepciones de la problemática psicosomática de hoy en día, hay quienes deciden nombrarla como estructura, como fenómeno, o como trastorno. Lo que sin lugar a dudas es inevitable es el planteamiento y la posición del psicoanalista, éste deberá reflexionar si se trata de una conversión histérica o si el trastorno tiene más que ver con la economía narcisista del sujeto, qué tanto esto último es lo que predomina. El profesional deberá hacer de lo anterior la idea directriz para su distinción. Cuando es predominantemente el narcisismo lo que envuelve a esta problemática, se le tendrá que distinguir y concernir de las psiconeurosis. En éstas, el síntoma que se expresa en el cuerpo responde a una formación de compromiso, en la cual se expresa el conflicto psíquico, cuestión que no es del todo clara en la problemática del psicosomático. ¿Se trata entonces de las llamadas neurosis actuales?

 

Diferenciar el tipo de angustia en la psiconeurosis y en las neurosis actuales es fundamental para el entendimiento de la problemática de la psicosomática.

El estudio de este segundo tipo –el de las neurosis actuales- permite entender diferentes aspectos que allí tienen lugar, no tanto con respecto a la formación y desarrollo de síntomas, sino en relación a un proceder que en mucho se diferencia de la elaboración psíquica, es pues de las fallas de éste que lo actual permanece dentro del tal estatuto, pero no por el simple hecho de formar parte del presente –por lo menos no en todos los casos-, sino por qué éste no accede a lo historizable, el sujeto lo margina del procesamiento psíquico -no hay registro, ligadura-, el porqué, es lo que se intentará cuestionar y/o analizar en el mejor de los casos.

Freud en el manuscrito E (1894) plantea la trasposición en angustia de la tensión sexual estancada, y además reconoce una diferencia entre conversión histérica y somatización directa, siendo un hecho frecuente –aunque nunca lo mismo- la combinación de ambas. Menos aún cuando se habla de un posible abordaje dentro de la clínica psicoanalítica. En la histeria de conversión se trata de una excitación falsa que entra por un camino falso, exclusivamente por lo corporal, mientras que en la neurosis de angustia es una tensión física o somática lo que no puede ir por el sendero de lo psíquico, y a raíz de ello permanece en el espacio físico, en el cuerpo.

No con esto intento simplificar o desacreditar el, o los mecanismos de una u otra patología, el objetivo aquí –insisto- es hacer hincapié en las diferencias. Pues no es lo mismo hablar de libido narcisista que de libido de objeto, o lo que se muestra como una problemática edípica o una del yo; vemos pues que no será lo mismo si se contempla una economía neurótica, que una economía narcisista.

Es pues, precisamente el problema de la economía lo que aquí pretendo interrogar, particularmente la cantidad y sus influencias en la problemática del psicosomático, el cómo esto influye y perturba directamente en el cuerpo, al proceso de somatización cuando el sujeto no es capaz de tratar los conflictos desde su psiquismo. Cómo es que algo que lo desborda irá a parar allí donde el cuerpo lo frena, si es que lo frena.

En este tipo de problemáticas encontramos que la situación conflictiva es siempre actual, pareciera que no hay registro alguno de aquello que aconteció. Refieren un actual no sólo aludiendo al presente, sino como una imposibilidad de hacer desaparecer algo, algo de lo que no se pueden separar o producir cierta ausencia. Lo mental aparece como separado, disociado del funcionamiento psíquico, lo que da lugar a un actuar meramente operativo, sobre adaptado en términos de Liberman (1976 en: "Del cuerpo al símbolo".) La sobre adaptación, la cordura y su operatividad parecen ser imprescindibles para evitar la ruptura del equilibrio psíquico, especialmente el narcisista, entonces:

 

¿Es la enfermedad psicosomática un desequilibrio?

Más allá de darles una respuesta, me parece precisamente que ésta (la enfermedad, el padecimiento, el FPS) es una posibilidad, una respuesta, por lo que es a través del propio cuerpo que se llega a una reestabilización de aquello que se puso en juego. Es decir, la problemática psicosomática es el momento oportuno para entrar en ese psiquismo poco integrado a la función mental, más allá del cuerpo.

No Antes, No después: DURANTE...

Este fenómeno es el resultado de una imposibilidad de catectización del self y de un retiro de la catexis del mundo exterior; por su adhesión a la realidad exterior (sobre adaptación) se ven imposibilitados a acceder a una interior, quedando así la relación psique-soma, mediatizada por ese exterior.

 

¿Y qué es ese exterior, cómo entra en juego?

Antes que nada, no nos olvidemos de una concepción medular dentro de tod a la psicopatología, me refiero a la relación del sujeto con el exterior. Es esta la base. Empero y particularmente para abordar el caso del PS. Sami Alí (1987) en “Pensar lo somático” suma y relaciona dicho exterior con el superyó corporal. El superyó corporal corresponde a la transformación del objeto materno; es decir que responde, mediante la proyección a la necesidad de dar forma a un vacío relacional, vacío que, paradójicamente enfrenta el niño con una madre ausente por su presencia, presente por su ausencia. Éste dice: “Conformarse a las reglas de funcionamiento significa conformarse a él. Sin embargo no hay obligación ni sentimiento de ser forzado, justamente porque la relación no implica a d os personas. Es más bien una relación de sí con una imagen de sí.”

 

Consideraciones Fundamentales:

El problema principal que se presenta en la clínica es aquél que puede analizarse desde dos perspectivas: el cuerpo desde la histeria como fenómeno conversivo, y aquél que responde como he dicho ya a un problema más primario, de otro orden; ese que se encuentra lejano del síntoma como representante representativo. El síntoma está inscrito (escrito, anotado), hay representación, hay huella; hay ya cualificación. El síntoma es metáfora; en el FPS no hay dicha posibilidad.

 

Contemplado esto, me parece importante hacer aquí un breve comentario que me permitirá poner cierto énfasis en lo que es mi objetivo fundamental y se expresa en el título. Me refiero a tres tipos diferentes de intenciones que marcarán rumbos y lecturas singulares para un mismo interés:

 

La intención de la obra.

La intención del autor.

La intención del lector.

 

Es pues en la intención de la obra en la que me basaré para hacer cumplir dicho objetivo. Puesto que si algo ha de ser puesto allí donde Freud escribe, independientemente de que este autor o el lector se anoticie de ello, es responsabilidad de la obra en sí hacerse cargo de las implicancias y acepciones que ella misma contiene. Me parece entonces, que independientemente de que Freud hable o no de la problemática psicosomática, en su obra existe mucho material para ser abordado desde esta perspectiva, para hacer ver que la intención de la obra supera a los otros dos tipos de intenciones.

Un argumento bastante conocido para la distinción arriba expresada es la obra discursiva del paciente, en donde ésta dice más de lo que allí expone el mismo que la genera (el autor). Esta obra y este autor dicen y saben más de lo que se expresa. “Un saber que no se sabe que se sabe.” El lector (analista) es entonces quien deberá dar cuenta de las diferentes acepciones de dicha intención, o a lo que a ésta refiere, es decir al deseo y de lo que encubre postulándose desde la intención. La intención es una y el deseo es otro, lo cual no impide que uno pueda ser leído por el otro y viceversa.

 

Algunos Ejemplos y citas de interés

“En la etiología de una afección nerviosa cabe distinguir: 1) la condición necesaria, sin la cual el estado no sobrevendría, y 2) los factores ocasionadores. Uno puede representarse del siguiente modo el nexo entre aquella y estos: Si la condición necesaria tiene injerencia suficiente, la afección se instala como necesaria consecuencia; si no tiene injerencia suficiente, el resultado de su influjo es primero una predisposición a esa afección, que deja de permanecer latente tan pronto como viene a sumarse una medida suficiente de uno de los factores de segundo orden.” Freud, S. (1893) Manuscrito B. La etiología de las neurosis.

“La neurosis de angustia aparece en dos formas: estado permanente y ataque de angustia. Ambas se combinan fácilmente, no hay ataque de angustia sin síntomas permanentes. El ataque de angustia es más propio de las formas conectadas con una histeria, vale decir, es más frecuente en mujeres, y los síntomas permanentes son más comunes entre varones neurasténicos.” Freud, S. (1893) Manuscrito B. La etiología de las neurosis.

“Cuando se acumula tensión sexual física - neurosis de angustia. Cuando se acumula tensión sexual psíquica - melancolía. Ahora bien, ¿por qué la mudanza en angustia a raíz de la acumulación? Para esto se debería entrar a considerar el mecanismo normal de la tramitación de tensión acumulada. Se trata del segundo caso, el caso de una excitación endógena. En una excitación exógena, el aumento es más simple. La fuente excitadora está fuera y envía a la psique un aumento de excitación que es tramitado con arreglo a su cantidad. Para ello basta cualquier reacción que aminore en el mismo quantum la excitación psíquica.” Freud, S. (1894) Manuscrito E. ¿Cómo se genera la angustia?

“ y necesita de un signo que le haga prestar atención a la reinvestidura de la imagen-recuerdo hostil, a fin de prevenir, mediante investidura colateral, el desprendimiento de displacer que de aquella se seguirá. Si y consigue emprender a tiempo esta inhibición, el desprendimiento de displacer no se produce y la defensa es mínima; en el otro caso, sobreviene un displacer enorme y una defensa primaria excesiva.” Freud, S. (1895) Proyecto de psicología.

 

Hasta aquí sólo he mencionado los textos anteriores a 1900

 

Algunos datos más...

“Por «pulsión» podemos entender al comienzo nada más que la agencia representante {Repräsentanz} psíquica de una fuente de estímulos intrasomática en continuo fluir; ello a diferencia del «estímulo», que es producido por excitaciones singulares provenientes de fuera. Así, «pulsión» es uno de los conceptos del deslinde de lo anímico respecto de lo corporal. La hipótesis más simple y obvia acerca de la naturaleza de las pulsiones sería esta: en sí no poseen cualidad alguna, sino que han de considerarse sólo como una medida de exigencia de trabajo para la vida anímica. Lo que distingue a las pulsiones unas de otras y las dota de propiedades específicas es su relación con sus fuentes somáticas y con sus metas.” Freud, S. (1905) Tres ensayos de teoría sexual.

 

“En definitiva concluimos, respecto de la diferenciación de las energías psíquicas, que al comienzo están juntas en el estado del narcisismo y son indiscernibles para nuestro análisis grueso, y sólo con la investidura de objeto se vuelve posible diferenciar una energía sexual, la libido, de una energía de las pulsiones yoicas... –continua Freud- ...La separación de las pulsiones sexuales respecto de las yoicas no haría sino reflejar esta función doble del individuo.” Freud, S. (1914) Introducción del narcisismo.

 

Como vemos, podemos sacar bastante provecho del mismo Freud para contribuir a la investigación –hasta ahora poco revisada en él- del fenómeno psicosomático; más aún, si contemplamos lo dicho por éste en la segunda tópica (1923) y/o en el ya famoso “giro” de 1920.

 

Algunas revisiones paralelas.

La mente influye al cuerpo y viceversa y para estudiar el concepto de mente –dice Winnicott- es siempre necesario estudiar a un individuo total, incluyendo su desarrollo desde el comienzo mismo de su existencia psicosomática. Winnicott, D.W. (1964) El trastorno psicosomático.

 

Los trastornos psicosomáticos, se hallan a medio camino entre lo mental y lo físico, se encuentran en una posición más bien precaria. He aquí un cuerpo, una la psique y un soma que no deben distinguirse más que con arreglo a la perspectiva del observador.

 

Supongamos, dice Winnicott, que en el desarrollo precoz de un individuo, salud implica continuidad en el ser. El psiquesoma precoz se mueve a tenor de cierta línea de desarrollo siempre y cuando su continuidad de ser no se vea turbada; dicho de otro modo, para el desarrollo sano del psiquesoma precoz hace falta un medio perfecto. El medio ambiente es aquel que se adapta activamente a las necesidades del psiquesoma recién formado, aquello que los observadores saben que al principio constituye el pequeño.

 

El mal medio es malo porque debido al fracaso de la adaptación se convierte en un ataque contra el psiquesoma, ataque ante el cual el psiquesoma (es decir, el pequeño) debe reaccionar, (adaptarse) 2. Esta reacción turba la continuidad existencial del nuevo individuo. En los comienzos, el buen medio (psicológico) es físico dice Winnicott, y quizás cabria agregar: si no es un buen medio físico, se va en contra de lo físico; es decir, el cuerpo como representante de ese físico faltante.

 

¿Por qué?

 

Porque no hay Psique, ésta está en vías de constitución. En cambio si hay soma.

 

¿Es el soma el representante de lo físico?

¿Es el soma quien representa al medio?

 

La necesidad, al principio absoluta, de un buen medio ambiente se convierte rápidamente en relativa. La madre buena corriente ya es suficiente. Si es lo suficientemente buena, el pequeño, por la actividad mental, sabrá tolerar sus deficiencias. La actividad mental del pequeño hace que un medio suficiente se transforme en uno perfecto, es decir, convierte el fallo de la adaptación en un éxito.

 

Lo que libera a la madre de ser casi perfecta en la comprensión del pequeño, podemos decir, y hablando en términos generales, es que la madre procura que el mundo del pequeño sea lo más sencillo posible y así evitar su sobre adaptación. Ella cualifica, da sentido a esa cantidad, a ese estímulo...

En estado de salud, la mente no usurpa la función del medio, sino que posibilita una comprensión.

 

¿Qué pasa si no se da así?

 

Una situación sumamente incómoda, especialmente debido a que la psique (en formación) del individuo es seducida a entrar en los terrenos de la mente 3 y alejarse de la íntima relación que originariamente sostenía con el soma. Es decir se pasa a la mente aún sin haber pasado y/o desarrollado lo previo, anoticiándose de esto, del soma, lo físico de lo que hablábamos antes. Intentando ser explicito, se pasa a un intento de psiquización cuando no existen todavía las condiciones para ello.

 

¿Cómo, es eso posible?

 

El yo organiza defensas contra el derrumbe de la organización yoica, que es la amenazada, pero nada puede organizar contra la falla ambiental en tanto y en cuanto la dependencia es un hecho viviente (externo y responsabilidad del medio).

 

Podríamos aventurarnos aquí y hacer ciertas analogías; en donde:

El Yo tendría que ver con la mente.

La falla ambiental tendrá que ver con la Psique, en tanto medio de tramitación, de elaboración.

y Finalmente lo externo con el soma, con el cuerpo. No olvidando las puntuaciones anteriores respecto de lo externo (Superyó corporal de Sami Alí).

 

El yo -sin embargo- es demasiado inmaduro como para recoger y asimilar todos los fenómenos dentro del ámbito de la omnipotencia personal, lo cual, lamentablemente, no desaparece sino que se transforma tóxico.

 

De esta manera, el individuo llega a sentirse responsable por el mal medio ambiente del que en realidad no es responsable y al que (si lo supiera) –dice Winnicott- podría echar la culpa de haber turbado la continuidad de su proceso innato de desarrollo antes de que el psiquesoma se hubiese organizado lo suficiente para odiar o amar.

 

Así, a través del amor y el odio nos podemos adentrar en el deseo del PS, no sin antes considerar la presión ejercida desde el exterior, en tanto que no es cumplida la función del medio (madre) como protección (BPAE), lo que genera toxicidad y en tanto que es el infante el que se tiene que sobre adaptar para poder llevar a algún lado esa “relación”. Es pues esta presión 6 la que desborda por exceso, y es también esa presión la que genera dos posibles vertientes: interna y externa.

 

¿Es de esta presión vivida en la infancia, de la cual se desprende el padecimiento del PS?

¿No es la presión resultante del exceso de cantidad?

¿No es la cantidad responsabilidad del medio?

¿No es esa misma cantidad - en un primer momento como exterior (medio), pero en uno segundo como interior (identificación y sobre adaptación) la que se reproduce en el FPS?

¿No es esa cantidad que sobre pasa la Barrera de Protección Anti Estímulo (BPAE) de la que habla Freud en el Proyecto de Psicología?

 

 

Existe entonces una dificultad real, la disociación del paciente, que como defensa organizada mantiene separada la disfunción somática del conflicto psíquico.

 

Como vemos, hay una gran esfera que involucra al estudio del trastorno psicosomático; pues como lo diría Freud, habrá tantas corrientes psíquicas como mociones pulsionales existan. Sin embargo aquí, vemos una con singulares propiedades; como lo es la necesidad interna que es parte de un sistema defensivo muy bien organizado y vigorosamente mantenido, en el cual las defensas se levantan contra los peligros que emanan de la integración y del logro de una personalidad unificada.

 

La enfermedad psicosomática es el negativo de un positivo, que es la tendencia a la integración, en varios de sus significados incluyendo la despersonalización. El positivo es la tendencia heredada de cada individuo a alcanzar la unidad de psique y soma, una identidad experiencial del espíritu o psique y la totalidad del funcionamiento corporal. En otras palabras, tal como lo dijera Freud, el yo se basa sobre un yo corporal.

 

Escisión es aquí el sustituto de represión, que es el término apropiado para una organización más compleja.

 

El paciente PS se encuentra una carencia no un déficit. Pero además no cualquier carencia, sino una particular, una inicial, primaria, de esa que se desprende la tan necesaria subjetividad, propia del ser y no del tener. Esta carencia y no déficit implica al deseo, a la mirada, no a la castración, propia de la histeria (o del síntoma conversivo).

 

Nuestra difícil tarea consiste -siguiendo a Winnicott- en formarnos una idea unificada del paciente y de la enfermedad sin aparentar hacerlo de un modo que anticipe a la capacidad del paciente para lograr su integración unitaria. Puesto que la verdadera enfermedad del psicosomático es la escisión de la personalidad, organizada a partir de su debilidad yoica 1 y mantenida como defensa contra la amenaza de aniquilación en el momento de integración. Es pues de esta “integración” que dependemos y que además, de no hacerse, ni siquiera habría posibilidad de sujeto, es pues así, que forma parte constitutiva del proceder psicosomático, por la simple razón de sobrevivencia. Integración a construir, no ha interpretar, si se interpreta se anticipa. Ni hablar de que estamos en el terreno de la escisión y no de la represión...

 

 

Volviendo a Freud

 

El trauma, siguiendo a Freud, corresponde a un enfoque económico; la fuerza de las pulsiones, al enfoque dinámico y las alteraciones del yo al enfoque topológico-estructural.

 

Freud en el manuscrito “K” dice: “La trayectoria de la enfermedad en las neurosis de represión es en general la misma. 1. La vivencia sexual (o serie de ellas) prematura, traumática, que ha de reprimirse. 2. Su represión a raíz de una ocasión posterior que despierta su recuerdo y así lleva a la formación de un síntoma primario. 3. Un estadio de defensa lograda, que se asemeja a la salud salvo en la existencia del síntoma primario. 4. El estadio en que las representaciones reprimidas retornan, y en la lucha entre éstas y el yo en la formación de síntomas nuevos, los de la enfermedad propiamente dicha; o sea, un estadio de nivelación, de avasallamiento o de curación deforme”. Aquí ya como formación de compromiso, para su accesibilidad al yo.

 

Ahora bien tratando de simplificar las cosas podremos hasta acá, ubicar cuatro referencias al modo analógico de las propuestas por Freud: 1. El trauma como proceso económico proveniente del exterior y en proceso de poder ser incorporado; 2. La vivencia real (experimentación interior) 3. Actividad fantasmática en función de esa vivencia real, que se intenta desfigurar; y 4. Momento que intenta evitar dar cuenta del paso 2 y que condensa al 1 y al 3 aludiendo al proceso primario (condensación y desplazamiento) en donde lo podemos encontrar como: Marca, cifra, inhibición, rasgo o síntoma. El trauma es así, aquello que enfatiza su aspecto interno, sin por ello renunciar al fundamento real (1).

 

Empero para acceder a una formación de compromiso debemos tener en cuenta toda la constelación meta-psicológica, es decir, el registro tópico: preconsciente-inconsciente: ello, yo, superyó. Registro dinámico: conflicto pulsional (eros y pulsión de muerte). Registro económico: energía libre y ligada, proceso primario y secundario.

 

Qué quiero decir...

 

Que el trauma solo podrá tener posibilidad de reelaboración si se encuentra ligado a la angustia; de otro modo pertenecerá al orden de lo no ligado, es decir de esa cantidad. Sabemos también que la función de la líbido es ligar y que es propiamente eso no ligado lo que se encuentra dentro del terreno de la pulsión de muerte; es decir que hasta el momento permanece “mudo”.

 

¿Se trata de un cuerpo que habla?;

¿De uno que necesita hacerlo si se pretende ligar (P-S), relacionar todo aquello apartado, escindido?

¿Cuál es allí la angustia, de qué tipo?

 

La angustia, como ya hemos visto y señalado antes, es medular cuando se trata al paciente. Freud postulaba la existencia de dos clases muy distintas de angustia: la angustia automática, que se caracteriza por la inundación del aparato psíquico por magnitudes de excitación inmanejables y provoca un estado de desorganización psíquica, y la angustia señal, manejada por el yo con la finalidad de impedir la irrupción de la primera y de edificar síntomas defensivos más o menos adecuados en los cuales la angustia tiene su lugar pero limitada, domesticada, integrada a la vida del sujeto. No así la que desborda, como cantidad, como cifra o como trastorno del carácter. En las neurosis actuales, a diferencia de las psiconeurosis lo común es el trauma puro, ¿pero esto quiere decir sin sentido?

 

Baranger propone pensar al trauma sobre tres ejes:

1.- Desde la pulsión de muerte,

2.- Desde la etiología y el a posteriori y

3.- Desde la repetición y la temporalidad.

 

Para cada uno de ellos nos comenta: Desde la pulsión de muerte, se lo puede describir como una invasión tanática; desde el a posteriori del proceso analítico, nos aparece como una construcción; desde la repetición y la temporalidad, lo vemos como un intento de superación de la primera y apertura de la segunda. Es así como tendremos que diferenciar dentro del tratamiento, a que tipo de angustia nos remite en contenido del paciente y dentro de qué eje se encuentra dicho trauma. Pues con ello podemos ver que la repetición en sí no es pulsión de muerte sino un primer intento de dominarla.

 

 

Recapitulando y tratando de organizar hasta aquí la presentación:

 

¿El FPS tiene entonces como característica a A. Automática y se encuentra dentro del eje 3 que propone Baranger?

¿Se repite eso que no ha podido ser asimilado (ligado, cualificado) y que permanece en el ámbito de lo actual (temporal)?

 

Específicamente:

¿La cantidad y su imposibilidad de tramitación es el detonante mayoritario para la aparición de la problemática psicosomática?

 

 

 

Recordemos la concepción que el mismo Freud nos da respecto del trauma; al respecto dice: “la expresión «traumática» no tiene otro sentido que ese, el económico.”

El inicio del psicoanálisis se da a partir del trauma (desde lo económico). Es decir había una cantidad que era retenida por el mismo trauma; éste, no dejaba fluir o descargar esa líbido como se llamará más tarde. Ese trauma luego se representa a través del síntoma, el cual corresponde a una formación de compromiso (ligada).

 

¿Para qué, porqué, con qué fines?

Para crear vías, conductos que operen para dar salida a esa líbido estancada, detenida, así se “recupera” cierto flujo, transito.

 

Freud, ya en sus últimos escritos hace alusión a esta problemática, dice: “es muy posible reunir esas dos condiciones etiológicas (impresiones infantiles muy tempranas y una o varias impresiones de esa época) en una sola concepción; importa, sólo, lo que se defina como traumático. Si es lícito suponer que la vivencia cobra carácter traumático únicamente a consecuencia de un factor cuantitativo; que, entonces, toda vez que una vivencia provoque reacciones insólitas, patológicas, el culpable de ello es un exceso de exigencia, con facilidad se puede formular el argumento de que en cierta constitución producirá en efecto de un trauma algo que en otra no lo tendría” 1 . Es pues, una vez más, este factor -el cuantitativo-, el que cobra una trascendencia nodal, pues no es menor que se encuentre dentro de las mismas condiciones al inicio de la obra freudiana (en el proyecto de psicología 1895) y hacia el final en el Moisés (1938). Considerando además su misma acepción; lo que en la gran mayoría de conceptos ha de cambiar en este trayecto.

 

Es pues así, como debemos adentrarnos en algunas particularidades que Freud comenta acerca del trauma.

 

Al respecto dice: “a) Los efectos del trauma son de índole doble, positivos y negativos. Los primeros son unos empeños por devolver al trauma su vigencia, vale decir recordar la vivencia olvidada o, todavía mejor, hacerla real-objetiva. Estos tendrían que ver con ese vivenciar de nuevo una repetición de ella: toda vez que se tratara sólo de un vínculo afectivo temprano, hacerlo revivir dentro de un vínculo análogo con otra persona.

 

...Las reacciones negativas persiguen la meta contrapuesta; que no se recuerde ni se repita nada de los traumas olvidados. Podemos resumirlas como reacciones defensa. Su expresión principal son las llamadas evitaciones, que pueden acrecentarse hasta ser inhibiciones y fobias. También estas reacciones negativas prestan las más intensas contribuciones a la acuñación del carácter; en el fondo, ellas son también, lo mismo que sus oponentes, fijaciones al trauma, sólo que unas fijaciones de tendencia contrapuesta.

 

b) Todos estos fenómenos, tanto lo síntomas como las limitaciones del yo y las alteraciones estables del carácter, poseen naturaleza compulsiva... No son influidos, o no lo bastante, por la realidad exterior; no hacen caso de esta ni de su subrogación psíquica, de suerte que fácilmente entran en contradicción activa con ambas. Son por así decir, un Estado dentro del Estado, un partido inaccesible, inviable para el trabajo conjunto, pero que puede llegar a vencer al otro, llamado normal, y constreñirlo a su servicio. Si esto acontece (geschehen), se alcanza así el imperio de una realidad psíquica interior sobre la realidad del mundo exterior, y se abre el camino a la psicosis.” 1

 

¿Por qué es importante mencionar y/o contemplar estas referencias freudianas?

 

Desde mi perspectiva porque aquí vemos una diferencia sustancial entre el retorno del lo reprimido como consecuencia del trauma, lo historizable y otra postura que tendrá que ver con eso que no se puede nombrar, que corresponde a lo escindido, al guión psico-somático, o como lo dijera Freud “un Estado dentro del Estado”. Ambas surgen de un trauma, en efecto, pero su magnitud y su implicancia en el proceder subjetivo acontecerá de manera tal, que las diferencias serán evidentes tanto en lo discursivo (a través de la palabra y su representación) como en lo relacional (diferenciándose del objeto). Es justo a esta condición a la que me he referido antes, en cuanto a la posibilidad de hacer síntomas o no. El que estos puedan desarrollarse depende de nada menos que del factor representacional, es decir del registro que haya o no de éste.

 

Un dato de interés:

El término Vorstellung (Representación) forma parte del vocabulario clásico de la filosofía alemana. Su acepción no es modificada por Freud en un principio, pero el uso que de él hace es original.

La representación, sería aquí, más bien aquello que, del objeto, viene a inscribirse en los «sistemas mnémicos». Ahora bien, como es sabido, Freud no concibe la memoria como un simple receptáculo de imágenes, según una concepción estrictamente empírica, sino que habla de sistemas mnémicos, reduce el recuerdo a diferentes series asociativas y finalmente designa con el nombre de «huella mnémica», más que una «débil impresión» que guarda una relación de similitud con el objeto, un signo siempre coordinado con otros (en red) y que no va ligado a una determinada cualidad sensorial. Desde esta perspectiva, la Vorstellung de Freud ha podido equipararse al concepto lingüístico de significante.

Sin embargo, cabe distinguir aquí, con Freud, dos niveles de estas « representaciones »: las « representaciones de palabra» y las «representaciones de cosa». Esta distinción subraya una diferencia, a la cual, por lo demás, Freud atribuye un va lor tópico fundamental; las representaciones de cosa, que caracterizan el sistema inconsciente, se hallan en una relación más inmediata con la cosa: en la «alucinación primitiva», la representación de cosa sería considerada por el niño como equivalente del objeto percibido y catectizada en la ausencia de éste (lo que tiene relación con la “experiencia de satisfacción”).

 

Volviendo.

 

¿Cómo entonces acceder a los contenidos que NO forman parte de la representación de la Vorstellung?

Pues bien, que no se digan, que no se asocien, no quiere decir que no existan, que no se hablen no quiere decir que no puedan ser escuchados.

 

¿Se trata entonces de algo relacionado con la inhibición?

 

Inhibición es, según el diccionario, un cese, un bloqueo o disminución de un proceso. En cuanto a la sustancia, se dice que puede ser un bloqueo o un retraso para que acontezca una reacción, es decir se habla de un impedimento para una intervención, para un proseguir en el conocimiento y/o desarrollo de algo. La inhibición incluye y alude a la suspensión . Tal y cual sucede en esa suspensión del PS al no poder asociar, y más allá, no poder representar.

 

Freud en Inhibición, síntoma y angustia (1925). Dice que hay casos de enfermedad acerca de los cuales es preciso decir que muestran solo inhibiciones y ningún síntoma. Más allá escribe, “no han crecido los dos en el mismo suelo. Inhibición tiene un nexo particular con la función y no necesariamente designa algo patológico: se puede dar ese nombre a una limitación normal de una función”. Limitación funcional del yo, que puede tener orígenes muy diversos. Se trata de una actividad que no puede tener lugar.

 

Ahora bien, “dado que la inhibición se liga conceptualmente de manera tan estrecha a la función, uno puede dar en la idea de indagar las diferentes funciones del yo a fin de averiguar las formas en que se exterioriza su perturbación”. El yo dice Freud renuncia –se inhibe- a estas funciones que le competen a fin de no verse precisado a emprender una nueva represión... Empero acá sabemos que esa represión, si es que le podemos llamar así, ya existió, ya aconteció y sólo podrá ser vista como represión al modo que nos propone Sami Alí (represión del imaginario, se habla de una represión lograda de esa función). Lo cual a su vez tendría más que ver con la represión original, con la represión primaria en Freud. Esta tiene como característica fundamental el gasto permanente. La contracatexis es el único mecanismo de la represión originaria; en la represión propiamente dicha se añade retiro de catexis. Por lo cual -desde mi punto de vista- tendría más que ver con el repudio. No es casual que Freud empiece hablar de ésta con el caso Scherber.

 

Dice Freud: “El yo no tiene permitido hacer esas cosas –cumplir con su función independizante- por que le proporcionaría provecho y éxito, que el severo superyó le ha denegado. Entonces el yo renuncia a esas operaciones a fin de no entrar en conflicto con el superyó” Freud, S. (1925) Inhibición , síntoma y angustia. Esto, tanto para un superyó como el que estamos acostumbrados a nombrar, como para el superyó corporal que propone Sami Alí. En donde éste, representa lo exterior.

 

Cualquier alteración en éste, implicaría un desorden de la realidad del psicosomático; lo cual a su vez nos da la pauta de una posibilidad de trabajo. Entonces quizá vemos en el FPS un esbozo como entrada al mundo real; al mundo de la relación, pues hasta entonces no había otro y por lo tanto no había conflicto. “Observemos, sin embargo que la transformación del objeto materno en superyó corporal responde, mediante la proyección, a la necesidad de dar forma a un vacío relacional, vacío que, paradójicamente, enfrenta el niño con una madre ausente por su presencia, presente por su ausencia.” Es así que el psicosomático tiene que vivir sobre adaptado para evitar que el loco se brote, ese loco que le quita toda la energía al otro, en ese estado de alerta permanente.

 

Siguiendo con Freud (ahora en 1900) en interpretación de los sueños 7 , nos dice cómo ha de inscribirse eso que a uno lo representará, me refiero a las huellas mnémicas, y que pueden pasar de la percepción al plano motor, o mejor dicho, de la percepción a un plano Prcc 8 , la cuestión es, que dicho proceso es el que está afectado en el devenir de un paciente Psicosomático, pues se trata de la imposibilidad de tramitación de dichas percepciones; dicho de otra manera, de aquellos traumas o trauma que no, -por inmadurez yoica- han sido posibilitados a la ligadura, pues, para que ésta última opere, debe haber antes alguna ubicación (representación) o registro de aquello que luego, en el mejor de los casos se tramitará; en cambio es tan precario aquél yo, que no puede siquiera acceder a la cosa 9 . Así pues en el PS irrumpe el trauma –aquella cantidad- sin una cualificación, ya no se diga saber, pues sin lugar a dudas no se sabe nada de lo que no se tenga registro (huella mnémica).

 

Así, todo eso que debe estar sostenido en las huellas mnémicas, en el PS no queda registrado. Sin embargo no podemos ser inocentes y pensar que no hay algún otro tipo de registro y que aquello que se nos aparece en el FPS nada tiene que ver con el proceder psíquico, en cambio debemos investigar y ubicar la procedencia de tales acepciones. De tal forma que si seguimos el esquema propuesto por Freud, nos enteramos que el dolor se ubicaría en relación directa a lo percibido tanto interna como externamente y no sólo como se ha pensado en relación a lo interno. Es decir, es sólo a través del dolor, en su relación con lo externo que adquirirá un valor de verdad, más aún, es ese exterior el que da origen a la concepción de que uno se haga cargo del propio cuerpo. Sin embargo para que el dolor adquiera representación debe en principio haber ese exterior, es decir esa discontinuidad, esa ruptura que si bien, podemos ubicar como un excedente o falla en la “barrera anti-estímulo”, es de la modulación de ésta, que el infante logra poder tramitar ese estímulo y lo que le permitirá identificar ese exterior. Freud pone a prueba esta hipótesis en su propio nieto, el cual jugaba con un carretel. Y del cual obtiene que es del Fort (se fue) y del Da (ha vuelto), del cual parte la constitución del sujeto: es decir la pérdida. Uno va cayendo en cuenta de que el otro no nos pertenece; así ese exterior, ese sobre estímulo que no se ha podido modular, esa cantidad, puede devenir huella (con representación). Dicha marca (E indruck) puede ser considerada desde el FPS como ese cuerpo ajeno, del que nada tiene que decir y en más de una ocasión es repudiado, aunque éste insiste para ser incorporado, integrado y por lo tanto representado; muy por el contrario, si no hay consistencia de separación, de diferenciación, no hay posibilidad de ligadura y menos de representación.

 

¿Cómo entonces se llega hasta aquí?

¿Cómo negar una representación, será posible?

 

Vayamos un poco hacia atrás y pensemos en cuestiones básicas, en los principios. Freud (1895) dijo el principio de inercia es considerado como función primaria; que luego, y con suerte, se podrá observar una función secundaria. En este paso, nada menor, vemos ya una posibilidad: acopio de cantidad o principio de constancia. Este principio es el que nos llevará a hacer una función específica. El estímulo interno actúa por sumación, es así como junta fuerzas y podrá resistirse a lo externo. De los estímulos internos no se puede sustraer, no se puede usar toda la Q existente para huir dado que necesita esa Q para realizar la acción específica. Los estímulos endógenos actúan como fuerza constante, por sumación, y exigen satisfacción.

 

Este almacenamiento de energía servirá para investir, para retener huella mnémica y lograr la acción específica. Para ello se vale del concepto barrera de contacto (capacidad de anudar y/o fomentar la conducción; todo, para fomentar o crear la huella, esto se da en psi no como en fi , pues aquí solo se pasa, no hay discriminación para el futuro) con el objetivo de lograr la función secundaria, retener y acumular energía. A partir del establecimiento del principio de constancia el curso de la excitación será regulado automáticamente por el principio de displacer-placer.

 

Las neuronas Fi (pasaderas) son las que reciben los estímulos del mundo exterior y nada conservan y las Psi (impasaderas) retienen cantidad, transformándose en huella mnémica. Las neuronas Psi por tanto están más en contacto con lo corporal (con lo endógeno). El supuesto de dos sistemas de neuronas consiste en retener y no obstante permanecer receptivo. Las neuronas psi son las encargadas de la memoria: la neurona sufre una alteración duradera. La memoria tiene que ver con los diferentes grados de resistencia o facilitación (primera experiencia de satisfacción). Se registran las huellas mnémicas en forma de constelaciones de facilitaciones. Por otro lado el sistema Psi esta vinculado a la conciencia, designado como W. Las neuronas W generan las cualidades sensoriales y psíquicas (placer-displacer), generan la sensación consciente (anoticiarse de…). Son excitadas desde la percepción dando los “signos de cualidad” y no desde el recuerdo (psi), posibilitando de este modo el juicio de existencia para el logro de la acción específica.

 

La cualidad –dice Freud en el proyecto de 1895- es igual a la sensación; ésta surge de Omega (W). Es decir parte de la percepción. Empero ésta no actúa sola, el mismo Freud –desde aquí- nos da un indicador clave de esta posibilidad refiriéndonos al yo. Este yo al que se refiere Freud, se caracteriza por ser un conjunto de neuronas investidas de manera constante que influye sobre una masa de neuronas variables. Inhibe procesos primarios póstumos; tiende a controlar el flujo de cantidad en el sistema neuronal, desviando la dirección de la excitación mediante la catexia colateral. Somete a la cantidad a un proceso de demora: proceso secundario. La existencia del yo que actúa inhibiendo los procesos primarios permite a W librar los signos de cualidad que le permitan diferenciar percepción de recuerdo, o recuerdo de percepción. El yo inhibe para que W actúe. ¿Qué puede pasar entonces si ese yo –en tanto su relación con psi- no actúa como debiese por su imposibilidad de recordar aquello que aconteció, es decir que no se hace cargo de su (s) memoria? La memoria –en este texto- se relaciona con el concepto de facilitación que señala la vía que sigue la cantidad circulante. Ahora, si no se puede descargar entonces se acumula generando toxicidad. ¿Qué pasa entonces con eso toxico, conociendo de antemano los alicientes del yo, de psi, de aquellas barreras anti estimulo? Creo que sabemos la respuesta, sin embargo no será aquí que se muestre de tal manera. Empero si debemos presentar ya lo que puede entenderse más adelante, pues no debe pasar desapercibido que las barreras anti estimulo y/o barreras contacto son dispositivos que limitan y contienen el libre flujo de la excitación de una neurona a otra con la consiguiente acumulación de excitación en el interior del mismo. ¿Suena esto familiar con la postura winnicotiana respecto a la función materna?

 

Resumiendo: Las barreras contacto serán los nexos entre las neuronas. Fi o neuronas pasaderas, son el primer ingreso –paso- y por ello, cuentan con una capacidad ilimitada de recepción de estímulos, éstos pueden pasar sin ser captados. Ya en Psi lo pasadero ha dejado huella, es decir que se ha discernido de lo solamente pasadero; ya aquí, hay un criterio de selección, mismo que dependerá de la magnitud del estímulo. Los estímulos externos van directos a fi, no pasan por psi. Freud luego llama pantalla anti estímulo, donde a ésta, se le asigna la función de discriminación y/o filtro de los estímulos procedentes del exterior. Para los internos actuará el yo como proceso discriminatorio en conjunto con las barreras contacto. El estímulo interno actúa por sumación, es así como junta fuerzas y podrá resistirse a lo externo. La facilitación es igual a lograr la resistencia. Empero el dolor existe –se preguntarán- qué pasa con éste, de dónde surge. El dolor tendrá que ver con el fracaso de la pantalla protectora (barrera anti estímulo), se ve aquí al dolor como una irrupción de cantidad que se sitúa por debajo de la pantalla y que no ha podido ser elaborado. El dolor puede ser considerado como una seudo pulsión en tanto que actúa bajo el mismo mecanismo (origen, ímpetu, objeto y objetivo) del trauma.

 

 

El trauma se define como un “acontecimiento de la vida del sujeto caracterizado por su intensidad, por la incapacidad del sujeto de responder a él adecuadamente y el trastorno y los efectos patógenos duraderos que provoca en la organización psíquica. En términos económicos, el traumatismo se caracteriza por un aflujo de excitaciones excesivo, en relación con la tolerancia del sujeto y su capacidad de controlar y elaborar psíquicamente dichas excitaciones”. Vemos entonces que tanto al trauma, como al dolor y del mismo modo a la satisfacción, les antecede una huella. De aquí -y esto es MUY importante- que sea posible contemplar al trauma desde 2 tiempos: el del origen y el de la resignificación, pues es éste, el segundo tiempo, es en donde el sujeto encontrará palabras (o representaciones en su defecto) que signifiquen ese trauma vivido previamente; y con ello, el que no se limite a una vivencia hiperintensa que no se puede elaborar como se hizo en el pasado. El porqué ya lo conocemos, pues son las barreras contacto quienes darán la posibilidad de elección ante los estímulos externos. Esta elección se basará en la memoria de sucesos anteriores. Inclusive tan previos como la huella objeto de satisfacción (HOS). Que a su vez –como sabemos- se transformará en el Yo ideal, aunque de ello no me ocuparé aquí.

 

Es entonces la facilitación o el recorrido , quien posibilita que dicha sumación, dicho estímulo, llegue a Psi. Valga decir lo interno y no lo externo; aunque para que ello suceda debe haber cierta posibilidad. Es decir un medio que vaya tramitando, lidiando y cualificando todo ello que no se conoce y que genera excitación, cantidad. De aquí que frases como estas tengan tanto eco: “Cantidad en fi, es complejidad en psi”, además de que “lo que mueve al aparato psíquico es la pulsión”; pulsión que mueve todo o mucho, pero que sin embargo no surge de la nada, sino del medio. Más aún si consideramos que la representación se da por contra envestidura. Para que exista representación, debe haber ligadura. Ligadura objetal (huella mnémica). Es así como al representar se hace presente al otro interiorizado. Si no se le ha interiorizado no hay posibilidad de representación. Cómo entonces pretender acceder a la posibilidad de un síntoma, si esta representación es su fuente primordial, su eje de partida; no hay síntoma que no contemple tal opción y por lo tanto si ésta no se da, no estamos en el terreno del síntoma. Como hemos dicho ya, se trata aquí de algo más primario, menos elaborado, más sintético, es decir relativ o a la síntesis, que procede componiendo, o que pasa de las partes al todo.

 

El hacer constante la repetición es en definitiva cierta tendencia, una que apunta a un objetivo. Un objetivo que puede ser antitético; por un lado su contenido repetitivo-compulsivo y por el otro como posibilidad de reelaboración. O mejor dicho de una elaboración, una que aquí ya, contemple la cualidad. Si se habla de cantidad no hay representación; ésta surge a partir de la cualificación, de la ligadura. El aparato psíquico repite para poder ligar y así significar.

 

¿Qué tiene que ver la repetición con el dolor?

 

El dolor –como dice Freud- viene de afuera (rompe la pantalla), deja marca; y esa marca se podrá significar más adelante en la vivencia del dolor. Es decir cuando ya adquirió el término de cualidad. Ahora, para llegar a este estadio se presentan diversas manifestaciones de la repetición, pues es tanto el dolor como la satisfacción las que promueven dicha repetición. Uno -el dolor- para reelaborarlo, pues la excitación no pudo ser procesada y otro –la satisfacción- para reencontrarlo, pues se ha perdido. Pues es siempre más fácil recorrer el mismo camino para obtener la misma meta. Es así que el dolor puede ser visto desde dos perspectivas:

1.- El dolor como traspaso de la pantalla anti estimulo (sobre excitación)

2.- El dolor como una investidura anhelante.

 

El dolor, desde cualquier perspectiva (sobre excitación o por anhelo) se vive como displacentero, y es el principio del placer el que entre en juego para aliviar esa tensión, pues es el objetivo de éste eliminar –a cero- la tensión originada. Tensión que se origina desde adentro. Empero el infante deberá conservar un tanto de esa tensión para poder canalizarla hacia un bien posterior (acción específica). Es el yo quien va a impedir el flujo automático a los caminos facilitadores. Por ejemplo, si se tiene hambre y no hay satisfacción inmediata, el aparato tiende a alucinar como vía para la facilitación. Lo que el yo hará es contener esa necesidad por un momento, pues la alucinación al no ser la vía correcta de satisfacción causará displacer en un segundo momento. El yo organiza el flujo de cantidad, con ello impide la angustia automática. Si el flujo de cantidad entra al yo, éste podrá generar la señal de angustia y con ello prevenir. A diferencia del actuar de la angustia automática. El yo absorbe la cantidad (estimulo y/o excitación) que es producto del displacer y la somete a una postergación. Esta inhibición a través de la demora se dirige hacia el camino de la percepción (W) en lugar de dar acceso a la alucinación que sería consecuencia del principio de inercia. Empero, como sabemos, no siempre el yo hace su tarea, o por lo menos el que la haga no quiere decir que le sea Cc; menos tal vez cuando allí radique buena parte del problema; pues éste, justamente, depende en gran medida de la relación entre el principio del placer y el principio de realidad, de ese tránsito del proceso primario a la capacidad de elaboración (proceso secundario). Es aquí donde entra la investidura colateral; como proceso secundario, en donde ya se puede pensar y/o representar.

 

El yo inviste a lo real aunque esto le sea desagradable al sujeto, ya que de este conjunto y de lo tramitable que hay en él, se logrará llenar el reservorio con huellas mnémicas, las cuales servirán para llevar a cabo una acción específica. El reservorio actúa como un almacén que a su vez libera, pues en este acto se agrupan, por llamarlo de algún modo, las experiencias y dan la posibilidad de un mayor gasto económico (como energía libidinal) que antes se destinaba a lo suelto (no dentro de ese reservorio en alguna medida organizado). El reservorio libera al capturar, y con ello, da un margen mayor de acción para ligaduras subsecuentes del yo.

 

Otra de las funciones del yo es inhibir el displacer que causa un significado hostil (esto en el corto plazo y de manera puramente pasajera) valga decir: para poder seguir. Aquí actúa como un discriminador eficiente de la realidad circundante, en donde más tarde tratará de capturar eso no elaborado (suelto) y acomodarlo en su reservorio. Si el Yo no es capaz de inhibir, entonces el proceso del pensar se ve altamente afectado, por lo tanto se tiende actuar antes de hablar. Si no se soporta el displacer no se puede pasar al proceso secundario. Ahora, si el yo debe estar constantemente reprimiendo, esto le generará un gasto excesivo que se traducirá en una disminución de energía –de líbido- para el resto de actividades del propio sujeto.

 

En síntesis , lo que no tenga procesamiento psíquico (funciones de W y del Yo) se traduce en una neurosis de angustia (angustia automática). W y el Yo dan la posibilidad de facilitación, para adquirir cualidad y con ello representar.

 

¿Omega da entonces una posibilidad de reelaboración del trauma dado?

 

Yo diría que ésa, es la función de omega, y que junto con el yo, promueven el proceso secundario. La represión del la función del imaginario, la represión primaria, dependerá en gran medida de que Omega y el proceso secundario actúen, ya que ésta se puede dar o no, en la medida de que exista cierta posibilidad de cualificación. Si el flujo de cantidad entra al yo, éste podrá generar la señal de angustia y con ello prevenir. A diferencia del actuar de la angustia automática. Aquí el yo absorbe la cantidad (estimulo y/o excitación) que es producto del displacer y la somete a una postergación. Esta inhibición a través de la demora se dirige hacia el camino de la percepción (W) en lugar de dar acceso a la alucinación.

 

Otra de las funciones del yo es inhibir el displacer que causa un significado hostil. Si el Yo no es capaz de inhibir, entonces el proceso del pensar se ve altamente afectado, por lo tanto se tiende actuar o a escindir antes de hablar. Si no se soporta el displacer no se puede pasar al proceso secundario. Ahora si el yo debe estar constantemente reprimiendo, esto le generará un gasto excesivo que se traducirá en una disminución libidinal para el resto de sus actividades; entre las que podemos encontrar, ligaduras, diferenciaciones, representaciones, etc.

 

Permítanme aquí hacer un breve paréntesis y aludir a un problema que creo no es en absoluto obvio. Dentro del discurso del cuerpo debemos tener presente a dos grandes rubros; la cantidad (pulsión y dolor) y a la cualidad (percepciones y afectos), es de aquí de donde ubicaremos la diferencia entre la neurosis y el padecimiento PS. En éste, como sabemos, la fijación ocurre antes del momento de satisfacción, se trata de una alteración primaria, de acá que se asume la semejanza del PS con patologías de analgesia y anestesia (las adicciones). Es decir por exceso o por defecto. Pues siempre estamos hablando de cantidad no elaborada. La diferencia radica en una simple lógica, lo que viene primero (cantidad) y lo que viene segundo (cualidad). El representante y su representación, es justo aquí lo que falla a diferencia de la histeria o de la neurosis. Lo que esta primero y es presente y lo que esta segundo y es re-presentado, sin necesidad de estar. Es decir que cuando se habla de representación en psicoanálisis, entendemos a precú, que de ello existe cualificación, ligadura; aunque esta pertenezca al orden de la represión, por el contrario en el PS lo presente es sinónimo de actual, sin registro o ligadura. De aquí su preponderancia discursiva en función de lo fáctico.

 

 

¿Es entonces el FPS une respuesta a la incompatibilidad de lo que urge representar y que no puede ser representado?

 

En la Afasia, Freud habla del aparato del lenguaje, como lo era el aparato digestivo, respiratorio, etc. Allí ya se encuentran los esbozos de lo que será la representación de cosa y la representación palabra unidas por una conexión. En esos tiempos estaba en boga la teoría de Haeckel1 (transmisión mecánica) para hacer circular la información. Es esto lo que llevará a Freud a pensar que la cantidad puede estar en circulación y no estar por ello cualificada. La alteración primaria queda como una marca, pero que no tiene representación y que puede tener un retorno en el cuerpo sin pasar por lo psíquico. Véase el siguiente esquema como una propuesta del proceso en cuestión.

 

 

 

Alteración primaria Afecto Representación Cosa.

 

R. Cosa

Interrupción como defensa.

R. Palabra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


No olvidemos que la alteración interna es previa a la huella de objeto de satisfacción. Será ésta la que posibilite o no al afecto y luego a la representación de cosa. Al afecto debe considérasele aquí como un proceso de descarga, lo cual no se da en el proceder PS.

 

 

Soma

 

Tensión somática

 

Objeto

 

 

 

 

 

 

 


Lugar de la barrera anti-estímulo , lugar también del medio en tanto posibilidad de cualificación. Es pues el entorno quien denota sumatoria, cantidad imprevisible e imposibilitada de tramitación. La libido del PS se fija a cierto estadio previo a lo oral primario, es decir que se ubica antes del proceso de fijación erógena, esta etapa se caracterizará como una etapa en donde no hay la posibilidad de salida, sino de entrada, de allí que el tipo de narcisismo que lo caracteriza sea el primario, el cual no se ha diferenciado del exterior. Su única posibilidad de salida, de defensa ante el entorno toxico se ubica en un retorno, en un regreso a lo único que se tiene: el soma, así su salida se convierte en su entrada.

 

La ruptura de esta barrera contra estímulos constituirá la represión primaria (esa que compete al la función de lo imaginario de Sami Alí). Aquí la consistencia está vedada. Vedada en tanto su origen –represión primaria- por ello no accedemos a los simbólico, al retorno de lo reprimido como se evidencia a través del síntoma, aquí lo que está en juego es otra cosa, más primaria y de otros componentes, tan es así que tan sólo basta atender al contenido discursivo del paciente, en donde predomina lo actual, lo fáctico, lo operario, sin capacidad asociativa o implicación subjetiva. Aquí de lo que se habla es primario . Al contrario, lo sexuado, en tanto susceptible de tramitación, podrá acceder a la represión secundaria. Entonces, considerando que es a través de los recursos con los que se cuenta, como se le podrá hacer frente a esta irrupción, y siendo éstos un tanto limitados, en tanto y en cuanto es del yo real primitivo del que estamos hablando. Éste entonces sólo puede drenar la cantidad con la que ha sido investido, no la puede procesar, no está biológicamente ni psíquicamente en condiciones para ello, eso es función de la madre, del medio. Para que haya cualificación, ligadura, debe aparecer el representante de la representación, éste contempla necesariamente dos componentes: al representante y a la pulsión, de éste último obtenemos ese quantum de afecto que a su vez posibilitará cierta ligadura, la cual nos presenta o no cierto acceso a la representación. Esto sin embargo esta alterado en el proceder PS. Si la pulsión se liga se transforma en afecto, de lo cual se obtiene un pasaje de la cantidad a la cualidad. En cambio, si no se le puede asignar un nombre (una representación), ésta permanece en un estado de excitación (quantum) no ligado, lo que nos marca las diferencias entre un estado de angustia y otro. Me refiero a las posibilidades marcadas ya desde Freud respecto a la angustia señal y a la angustia automática.

 

¿El resultado?

 

Se pone en el afuera aquello que no pudo significarse en el interior. Un afuera que esta mediatizado por un mecanismo particular. Es pues la escisión psique-soma la que permite mantener afuera lo que es de adentro, es decir del sujeto psico-somático.

 

 

* E-Mail: masantin@yahoo.com Tel: 672 299 116 www.historia-psicoanalisis.es

2 Valga aquí hacer la analogía con lo planteado por Freud en 1895 como barrera contacto, es decir, como esos dispositivos que limitan el libre flujo de la excitación de una neurona a otra con la consiguiente acumulación de excitación en el interior del mismo.

3 Desde esa sobre adaptación de la que hablábamos, no como proceso de desarrollo, sino como algo impuesto.

6 No olvidemos que presión también es aquella influencia o coacción que se ejerce sobre una persona o cuerpo para determinar sus actos o consecuencias, mismos que provienen de un primer cuerpo o fuerza.

1 0 Por el momento de indefensión e inmadurez en el que se encontraba ante ese medio desprovisto de cualidad protectora y cualificadora.

Baranger, M., Baranger, W., y Mom, J 1987.

18ª conferencia. La fijación al trauma, lo inconciente. “Conferencias de Introducción al Psicoanálisis”. Parte III. Doctrina general de las neurosis (1917 [1916-17]) Sigmund Freud. Obras completas. Amorrortu Editores.

1 2 Freud, S. (1938) “ Moisés y la religión monoteísta” Obras completas. Ed Amorrortu, tomo XXIII.

1 Freud, S. (1938) “ Moisés y la religión monoteísta” Obras completas. Ed Amorrortu, tomo XXIII, pp 70.

7 Específicamente en el capítulo VII.

8 Freud, S. (1896) “Carta 52” Obras completas. Ed. Amorrortu. Bs As Argentina. Dice: “En donde aquellos signos de percepción son las primeras trascripciones de las percepciones, por completo insusceptibles de conciencia y articulados según una asociación por simultaneidad” que en su desarrollo accederán a la Cc; tal y como lo he dicho en relación a la cadena significante.

9 Valga por Kant y su acepción de ésta, al respecto del Icc y por lo que Freud retoma adjudicándole un valor ya de cualificación (representación cosa), aunque es todavía el precedente de la representación palabra.

El principio de inercia se caracteriza, entonces, por la descarga masiva de la cantidad que ingresa desde Fi al sistema neuronal, impidiendo de este modo el registro psíquico (huella mnémica).

 

Las barreras contacto, o nexos entre neuronas, se diferencian de la barrera anti estímulo. Esta última opera como filtro o por discriminación de aquello que proviene meramente de lo externo. Las barreras contacto o ese nexo entre neuronas, bien puede aplicar a ese nexo entre lo interno (infante y sus procesos) y eso externo (estímulos); así la barrera contacto puede ser quien se encarga de tramitar eso que allí sucede internamente y externamente; al modo de un yo auxiliar.

Definición obtenida de Laplanche. J y Pontalis, J. (1996) “Diccionario de Psicoanálisis” Ed. Paidós Barcelona. España.

Nótese que tanto la facilitación como el recorrido son funciones de la barrera contacto, en tanto que ésta se encarga de aquellos nexos y posibilidades neuronales.

Considérese aquí un yo con la posibilidad de tramitación, uno que no es desbordado en su capacidad de elaboración; uno con la suficiente líbido para hacerle frente al medio y no dejándose inhibir ante éste.

1 Véase su libro “psicología celular” 1889.

En tanto narcisismo, represión y finalmente en tanto al proceso, de lo cual no es casual que el mismo Freud haya designado «proceso primario» un modo de funcionamiento caracterizado, en el plano económico, por el libre flujo de la energía y por el deslizamiento del sentido.


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