Asociación
Europea
de Historia del Psicoanálisis

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“LA VIGENCIA DEL PENSAMIENTO FREUDIANO EN LA CLÍNICA”.
"La interpretación de las sueños
en el psicoanálisis para niños".
Me gustaría comenzar por destacar que la gran vigencia del pensamiento
freudiano, y que por lo tanto va a tener sus repercusiones en la clínica, es el hecho de
que ninguna hipótesis teórica, ningún postulado, queda en la obra de Freud
definitivamente cerrado. Todos sabemos cómo el mismo Freud se dedicó a releer
permanentemente sus escritos a los que agregaba párrafos enteros o llamadas a pié de
página o llamadas al futuro, a la esperanza de que nuevos colegas se dedicaran a
profundizar sobre sus ideas.
Una de estas ideas es la interpretación de los sueños en el psicoanálisis de niños:
¿Porque Freud le dio una categoría “secundaria” a los sueños en la infancia? No
resulta extraño y hasta contradictorio viniendo del mismo autor que años más tarde
basaría todo el análisis del hombre de los lobos en un sueño recordado en su vida adulta
pero soñado en su infancia?
En enero de 1908 el pequeño Hans tiene un sueño de angustia. Se levanta de su
cama llorando y ante la pregunta de la madre sobre que le ocurre el niño le dice:
“cuando dormía he pensado que tu estabas lejos y yo no tengo ninguna mami para
hacer cumplidos.” Este sueño que le es relatado a Freud por el padre de Hans, aparece
muy poco tiempo antes de que se desencadene la fobia en el niño. Freud hace un
extenso trabajo sobre esta fobia, pero omite hacer comentario alguno sobre el sueño en
cuestión. Lo cierto es que este sueño soñado tan sólo 8 años después de la publicación
de “La interpretación de los sueños” parece contradecir todo lo que allí sostiene el
autor sobre los sueños en la infancia.
El soñante tiene tan sólo 4 años y 9 meses en el momento del sueño, y sin
embargo no queda claro que se trate de la realización de un deseo no cumplido el día
anterior, además este sueño nos muestra claramente como desde muy temprana edad
puede aparecer la desfiguración onírica para disfrazar el deseo que allí se está
cumpliendo, con la ventaja que nos da el tiempo transcurrido desde entonces y todo el
material que se ha escrito sobre el caso, hoy podríamos aventurar una hipótesis
interpretativa: es probable que el sueño realizara un deseo oculto del niño, un deseo que
lo preservaría incluso de su fobia posterior, si la madre se aleja, se aleja con ella la
madre omnipotente y fálica , poseedora de un hace-pipi, de quien está tan enamorado
que “se ve obligado a temer al padre”, quedarse sin sus cumplidos/mimos le produce
mucha angustia, pero quedarse con los cumplidos le produce tanta angustia que
construye una fobia. Es interesante destacar cómo relata Hans su sueño, como un
pensamiento por la noche que lo deja, en la realidad, sin una mami para hacer
cumplidos. Los niños pequeños relatan sus sueños como reales porque así los viven, no
pueden todavía aceptar que se trata de una escena imaginaria producida por ellos
mismos, la intemporalidad que todo sueño conlleva explica en gran medida esta
dificultad, el niño pequeño no tiene interiorizadas las categorías temporales, vive en
presente y los sueños son una parte de su vida. Para S.Freud, tal como lo postula en “La
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interpretación de los sueños”(1900), los sueños de los niños están muy poco
desfigurados, hay poco “trabajo de sueño”, en el sentido de disfrazar el deseo para
hacerlo representable: “los sueños de los niños pequeños son con frecuencia simples
realizaciones de deseos, y al contrario de los de personas adultas, muy poco
interesantes. o presentan enigma ninguno que resolver, pero poseen un valor
inestimable para la demostración de que por su última esencia significa el sueño una
realización de deseos.”
Después de decirnos esto, Freud nos cuenta algunos sueños de sus hijos, uno del hijo de
cinco años y tres meses que después de ver frustada una excursión hasta una cabaña en
lo alto de una montaña, sueña que estuvo allí, o la de la hija de tres años que deseaba
continuar su paseo en bote por un lago y sueña con esto mismo, el sueño de Ana, con
diecinueve meses y puesta a dieta por una indigestión presumiblemente de fresas, a
quien los padres escuchan decir en sueños “Ana, fresas, frambuesas, bollos, papilla”,
mostrando de este modo su deseo de comer todo lo prohibido durante el día; o el de su
hijo de ocho años que soñó acompañar a Aquiles en un carro de guerra, en clara
correspondencia con el libro de mitología que estaba leyendo o este otro soñado por su
hija de más de ocho años después de una excursión: «Figúrate que he soñado que
Emilio era uno de nosotros; os llamaba «papá» y «mamá», y dormía con nosotros en la
alcoba grande. Entonces venía mamá y echaba un puñado de bombones, envueltos en
papeles verdes y azules, debajo de las camas.» Comenta Freud que “durante la
excursión había oído cómo nuestro pequeño invitado aconsejaba lleno de formalidad, a
los niños que esperasen hasta que llegasen el papá o la mamá. Esta sumisión interina
quedó convertida por el sueño en una adopción duradera. La ternura de mi hija no
conocía aún otras formas de la vida común que aquellas fraternales que su sueño le
mostraba: por qué los bombones eran arrojados por la mamá precisamente debajo de las
camas constituía un detalle imposible de esclarecer sin interrogar a la niña
analíticamente.”
Aún en los ejemplos que Freud nos ofrece podríamos encontrar mayores
posibilidades de interpretación de las que el propio autor nos habla; en la medida que
los niños que cita son mayores, mayor es la desfiguración onírica, pero, como bien dice
Freud con el sueño de los bombones, sólo mediante la investigación analítica podríamos
encontrar el significado de algunas escenas de los sueños, en este caso, el porque la
madre arroja los bombones debajo de la cama.
En todos los ejemplos mencionados por Freud lo que queda claro es la relación
entre el resto diurno y la construcción del sueño: en toda su teoría encontramos a este
resto diurno como organizador del guión del sueño sobretodo por el poder que tiene de
ocultar en si mismo mociones inconscientes reprimidas que se aprovechan del resto
diurno para sortear la censura, además si este resto diurno es en si mismo un deseo no
realizado, mayor es su poder de condensación de otros deseos reprimidos.
Freud coloca en el centro de su teoría de los sueños el cumplimiento del deseo
de dormir, es el sueño el que garantiza el dormir, así Anna sigue durmiendo mientras
sueña con fresas mientras que otro niño en circunstancias parecidas podría haberse
despertado durante la noche gritando que quiere fresas, pero tan importante para el
sujeto como es el dormir es la construcción del sueño mismo, la posibilidad de crear en
su aparato psíquico las condiciones necesarias para establecer una realización
alucinatoria de deseos, postergando de este modo no sólo el despertar, sino la acción
promotora de la realización del deseo o su consecuente frustración.
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De este modo, ponemos el acento del sueño en su fabricación, como un modo de
elaboración intrapsíquico que le permite al niño un trabajo de elaboración permanente
dentro de su psiquismo, entre las diferentes instancias y sus pulsiones, entre el proceso
primario y el secundario, en suma entre su realidad psíquica y la realidad exterior. Es
más que probable que esta fabricación del sueño comience a darse desde la vigilia, de
aquí la importancia de los restos diurnos como participantes activos en la configuración
del sueño; el procesamiento que todo niño debe hacer de los estímulos que recibe
durante su vida de vigilia, tanto internos como externos, es un procesamiento complejo
que necesita de la retirada de todo estimulo externo para completarse; cuando hablamos
de los sueños entonces, hablamos de la relación del psiquismo consigo mismo, en su
auto-construcción, su auto-percepción y su auto-afectación. Como dice Patrick Miller
(P.Miller: “Le rêve est bref mais il dure”) “...esta inmersión del soñante en la intimidad
de sí-mismo, no es solamente un regreso a un lugar maternal, sino que es la prueba,
cada noche reencontrada, de su capacidad de ser maternal consigo mismo.”
Desde esta concepción podemos postular con Masud Khan (M.Khan:”Más allá
de la experiencia del soñar”; en “Locura y Soledad”) la existencia de un “espacio del
sueño”, similar al espacio transicional de Winnicott, en donde se van a procesar las
experiencias del self, muy diferente al texto del sueño, es decir, el contenido manifiesto
recordado. El texto del sueño toma algunos aspectos de la experiencia del soñar para
hacer una narración que pueda ser comunicada, compartida e interpretada, pero el soñar
en sí está más allá de toda interpretación.
Es esta experiencia de soñar que pretendemos rastrear, encontrar, estudiar e
investigar junto con un niño detrás del relato de un texto de sueño, no solamente para
interpretarlo en el sentido de mostrarle al niño los contenidos inconscientes que
aparecen velados y revelados en su sueño (esto lo hacemos en un análisis del texto del
sueño) sino para seguir con el niño los avatares de su propio self; es decir como se va
permitiendo procesar, elaborar, metabolizar determinados aspectos de la realidad con la
que se enfrenta día tras día.
El soñar entendido como una experiencia de tipo transicional nos lleva a pensar
en que lugar podemos colocar a los sueños, ¿se trata de algo propio del niño? , ¿está
fuera de él?, ¿dentro?. ¿dentro y fuera?; al igual que ocurre con los fenómenos
transicionales podemos rastrear las diferentes etapas por las que atraviesan los niños
hasta llegar a colocar sus propios sueños como un material que les sea verdaderamente
propio. Cuando el niño es muy pequeño, su sueño pertenece a la realidad externa y no
puede entender ni aceptar que no sea así; es justamente esto, lo que nos lleva a pensar en
los sueños como un procesamiento de la realidad, una realidad que debe ser
interiorizada y que elige los caminos del dormir para realizar tal interiorización. Más
tarde el niño podrá reconocer que el sueño viene de él mismo, pero el sueño sigue
siendo exterior, tiene el niño que llegar a otra etapa para asumir que el sueño es un
producto interior.
Volviendo a la cuestión del espacio del soñar como un espacio transicional, recordamos
que el objeto transicional es en definitiva lo que le facilita al niño la separación con el
objeto real, de este modo, pensamos el espacio del soñar como lo que le facilita al niño
la integración de determinados aspectos de su realidad interior y de la realidad exterior,
incluida la necesidad de separarse de la madre y auto-cuidarse.
Cuando observamos bebes nos preguntamos con que sueñan, si seguimos
las enseñanzas de Freud, llegamos a la conclusión que los bebes reproducen en sus
sueños las experiencias orales satisfactorias, pero cuando los observamos detenidamente
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vemos en los bebes dormidos movimientos faciales y corporales que parecen estar
registrando experiencias realmente dolorosas e insatisfactorias, pero he aquí el sentido,
la función del soñar, el procesamiento de las experiencias dolorosas dentro del aparato
psíquico en formación del bebé; si la experiencia dolorosa es demasiado fuerte o
permanente, la función del soñar se rompe, el bebé despierta y reclama la atención de
alguien desde el exterior capaz de calmarlo.
En la clínica con niños somos consultados a menudo por las dificultades del
dormir. Muchos padres nos relatan haber pasado verdaderos calvarios por las noches
durante varios meses en la primera infancia de sus hijos, podemos pensar que en estos
casos alguna situación trastocó la relación con el niño de tal manera que se alteraron las
funciones del soñar, y por lo tanto, las del dormir. Cuando escuchamos con atención
estos casos nos encontramos con dilemas de los padres que no están resueltos y que se
cristalizan en el momento de la paternidad con ese hijo. De entre todos los autores que
profundizaron sobre estos aspectos del sueño destacamos los trabajos de C.David y
M.Fain (Fain,M. et David,C. :”Aspects fonctionnels de la vie onirique” , en Rev. Fr. De
Psy., 1963) porque desde su conceptualización destacan el aspecto funcional del sueño
y relacionan las patologías psicosomáticas con las posibles irregularidades en esta
función del soñar: “...soñar es una actividad mental preciosa, cuyo buen
funcionamiento constituye uno de los elementos garantizantes del equilibrio mental y
protector de las peligrosas derivaciones somáticas de una libido degradada.”
Otro de los aspectos que queremos destacar sobre los sueños en la infancia hace
referencia a su utilización en el dispositivo analítico. El niño nos relata sus sueños en
un tratamiento porque pronto comprende que el trabajo propuesto por el análisis pasa
por intentar comprender como procesa los acontecimientos de su vida, los niños cuando
nos relatan sus sueños están en transferencia con el trabajo terapéutico y con el
terapeuta, en muchisimas ocasiones el relato del sueño es el encargado de dar forma al
sueño mismo, gracias al relato que el niño pretende transmitir el sueño adquiere carácter
de texto factible de interpretación; los agregados al sueño cometidos durante su
exposición son escuchados como partes del sueño mismo y muy probablemente
responden a las mismas características en cuanto al interjuego entre proceso primario y
secundario en la tarea de elaboración psíquica.
Cuando acometemos la tarea de analizar ese texto onírico junto con el niño,
podemos pedirle al niño asociaciones con el sueño o partes del mismo, al igual que
hacemos con los adultos, pero la riqueza del análisis con niños proviene del hecho de
que si no encontramos asociaciones verbales , podemos hacer uso de asociaciones
lúdicas o pictóricas; le pedimos al niño que dibuje tal escena del sueño o que la
represente con un juego; en este sentido estas asociaciones tienen el mismo sentido que
las asociaciones verbales de un adulto: llevarnos hasta los contenidos del sueño que
permanecen ocultos en el contenido manifiesto. Un detalle en un dibujo o una
reiteración o un acento puesto en una situación de juego nos ofrecen estas vías de
comprensión y profundización en el análisis de un texto de sueño. En ocasiones es a
partir de un juego o de un dibujo que el niño recuerda una producción onírica, estas
situaciones clínicas nos colocan nuevamente sobre el camino de la interpretación, el
juego o el dibujo funcionan como “restos nocturnos” del sueño que avivan su recuerdo
consciente. Vamos a denominar “restos nocturnos” (por contraposición a restos
diurnos) a huellas mnémicas provenientes del sueño soñado que pueden quedar en el
preconsciente para garantizar o promover el recuerdo de lo soñado.
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Una niña de once años con todos los fantasmas de la pubertad desplegados por
su situación edípica juega en sesión a vestir a unos muñecos, les fabrica unos vestidos
especiales de fiesta y comenta:”ayer mismo soñé con esto, soñé que papá me compraba
unos vestidos muy guapos, largos y llenos de lentejuelas, todos los vestidos para mi”.
Luego continúa con su juego, entonces le pregunto si recuerda algo más del sueño, me
dice que no, “pasaban más cosas pero no me vienen a la cabeza”, en ese momento la
niña se da cuenta que la ropa que había dibujado y recortado para los muñecos es
demasiado grande: “ya me ha salido mal otra vez”, comenta llena de rabia, yo me
propongo averiguar porque ha dicho otra vez: “no sé, me salió así.” Lo que queremos
destacar con esta anécdota clínica es la asociación entre el sueño traído a sesión en ese
momento y el juego que se está desplegando, lo que a esta niña le está “saliendo mal” es
la relación que establece con el padre a quien le obliga a comprarle muchas cosas como
una manera de hacerle pagar su separación de la madre, algo de esto le comenté,
entonces agregó: “cuando papá vivía con nosotras le compraba vestidos a mamá”, este
comentario es también una asociación sobre el sueño y el juego, en el sueño, ella se
coloca en el lugar de la madre, incluso se asegura de eliminarla al declarar que todos los
vestidos son sólo para ella, pero lo que está mostrando con el juego y posiblemente con
la parte que no recuerda del sueño, es que los vestidos le van grandes, no son para ella.
No nos detenemos a profundizar sobre este caso, sólo queríamos mencionarlo para
mostrar cómo el juego puede ser un elemento que puede ayudar a recordar un sueño e
incluso aportar asociaciones sobre el mismo.
Todo niño tiene una historia que le es absolutamente propia, muchas veces
surgen problemas en la vida de los niños cuando determinados aspectos de esa historia
no han podido ser procesados; desde el psicoanálisis sostenemos que este procesamiento
se da en permanente intercambio con los otros a partir de complejos sistemas de
identificaciones que terminan por moldear una estructura que es específica del niño.
Cuando a partir de una demanda de tratamiento podemos acceder junto con el niño a
investigar esos procesos de elaboración de su propia historia, lo que estamos
proponiendo es una re-escritura de los mismos, nuevamente en relación con otro, esta
vez el analista. Tal como venimos sosteniendo, este trabajo terapeútico tendrá un
correlato onírico, los sueños durante el tratamiento son instrumentos muy eficaces para
corroborar los cambios psíquicos que se producen en nuestros pacientes.
Es necesario aquí abrir un paréntesis para hablar de los materiales que los niños
utilizan para construir sus sueños, todos son restos mnémicos provenientes de los
programas infantiles, la televisión, ese gran monstruo imaginario que consumen los
niños de nuestras sociedades avanzadas y que les proveen de un riquisimo material
fantasmático donde abundan seres malísimos con intenciones igualmente malas y
héroes que salvan a la tierra y a otros mundos de las supuestas maldades, por supuestos
también son abundantes los diversos vehículos que nos dicen mucho sobre los anhelos
de sus imaginativos inventores tendientes a anular el paso del tiempo y las distancias.
Hay que agregarle a los estímulos televisivos, los provenientes del “juguete” más
vendido de los últimos años: la video-consola: los juegos que vienen incorporados en
estos artilugios merecen especial atención: Si estamos diciendo con Freud que la
construcción de los sueños es un correlato de la construcción del aparato psíquico,
¿cómo no vamos a encontrarnos con situaciones cada vez más violentas en la
cotidianeidad de nuestros pacientes niños? Algunos especialistas en infancia
aseguramos que este material es altamente nocivo para los niños. Y no hace falta más
que ver las noticias para corroborar que nuestra preocupación es tan sólo el principio de
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una realidad psíquica en los niños del mundo actual a la que deberíamos dar una
respuesta.
Vigencia freudiana pero deberíamos agregar, para satisfacción de Freud, con
actualizaciones contemporáneas: el niño de la época de Freud estaba lejos de matar
marcianitos o cualquier otro objeto con un gran peso en su vertiente perceptiva: la
cantidad impresionante de estímulos que un niño actual es capaz de incorporar en su
polo “P” no se corresponde con sus posibilidades de procesarlos hasta encontrarles una
salida en su polo “M”; esto dará paso a nuevas formas de relacionarse consigo mismo y
con los demás, lo violento y la violencia comenzaron a formar parte de la cotidianeidad
infantil, esto trae como consecuencia nuevas patologías en el territorio de la infancia.
Un niño me comenta en su sesión posterior a su cumpleaños:-“ahora tengo un
juego en el que puedo asesinar a los que me molestan, por cada uno que mato gano
dinero y así puedo comprar armas más modernas para matar mejor y si juego bien
puedo ahorrar dinero para mí!!. Tan cerca del pequeño Hans en cuánto a sus miedos, tan
lejos de él a la hora de jugar con ellos.
Podría contar cantidad de sueños de niños que dan cuenta de su complejidad y
que avalan la teoría de que el soñar, además de ser una realización de deseos, es la
manera principal con la que cuenta el niño en plena formación de su aparato psíquico
para realizar y mantener su propio aparato, creando de este modo, un lugar donde
albergar pensamientos y un lugar donde guardar anhelos.
En cuanto a los deseos infantiles y en homenaje a Freud, dejar una reflexión para
el futuro: Freud sostuvo a lo largo de toda su obra que el mayor deseo de todo niño era
ser adulto. Hasta ahora no he encontrado oposición alguna a tal afirmación…
Corresponde a la realidad de los niños? Si Freud hubiese analizado más niños
mantendría este postulado? No se trata de otro caso más de adultomorfismo? El trabajo
con niños en análisis nos ha permitido entrar en una zona de juego que con el paso del
tiempo tiende a transformarse en un sometimiento a la realidad muchas veces
patológico. Porque no aceptar que el deseo más importante de un niño es que lo dejen
ser niño. Y soñar.
Soñar con que la vida es sueño.
Joseph Knobel Freud
Octubre de 2006.
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