Asociación
Europea
de Historia del Psicoanálisis

LIBROS, ARTÍCULOS Y CONFERENCIAS ASOCIACIÓN EUROPEA DE HISTORIA DEL PSICOANÁLISIS


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La institución una fuente de ley feliz.
Presenta: Mauricio Santín Iriarte. 2007* Resumen: El presente trabajo pretende tan solo dar cuenta de la enorme responsabilidad de las instituciones en la formación académica. Es de éstas, sin lugar a dudas, de las cuales podemos obtener el crecimiento necesario como cultura; empero es también de éstas, de las cuales la obturación es posible. Dicho esto, me propongo dar sustento al interés citado a partir de algunas ideas directrices en función de problemáticas actuales respecto del Estado, la institución, la enseñanza del psicoanálisis y el sujeto y su subjetividad inmersa en todas ellas. Abstract: The present work pretends to show the enormous responsibilities of the institutions about the academy formation. Institutions are without doubts fundamental to foster the necessary development of culture, but they can also be one of its obstacles. The article will be based on some guiding ideas of current issues regarding the State, the institution, psychoanalysis teaching and the subject and his subjectivity immersed in all them. Palabras clave: Estado, institución, identificación y subjetividad. Key words: State, institution, identification and subjectivity. Introducción:
Desear la felicidad es apostar a lo peor, así comienza Héctor López su artículo “el goce de nada en un mundo feliz”1. “El hombre aspira –dice López- a la felicidad, es su mayor anhelo, y se supone que la política tiene como misión procurársela. En un mundo feliz, todo el poder del estado global está al servicio de la construcción de una sociedad mansamente feliz”. Se trata de una reproducción en serie, los sujetos ya no son dueños de su experiencia, o mejor dicho, esta experiencia esta regulada, condicionada y fundamentada respecto de las necesidades del sistema.
¿Cómo interviene en esto la institución, el Estado, habrá alguna receta para la felicidad, existe ésta, se alcanza, cuál es su finalidad?; son todas preguntas que emergen como consecuencia de esta imperante necesidad de la tan anhelada “felicidad”. ¿Será ésta el principio del fin?, ¿se trata de una interpelación urgente o en gran medida caduca? Como sabemos, para generar -en el mejor de los sentidos- se tiene que poner al goce en obra, si no, se trata de un goce de nada. Es pues la interdicción, la dialéctica, la que nos avisa que no habría ética para obligar al deseo, si la felicidad fuese posible. La felicidad y la ética encuentran aquí su punto en común, pero a la vez su tangencial diferencia por la mediatización del deseo, no hay pues encuentro posible en tanto que se trata de más de uno, de varios; los cuales constituyen la ética. No hay -por suerte- convergencia entre felicidad y ética, entre dos o más deseos, eso es precisamente lo que nos salva o lo que nos hunde, se trata de la subjetividad. La cual cuestiona
* E-Mail: masantin@yahoo.com 1 Revista Imago N° 102. Agosto de 2006. Bs As. Argentina.
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la posibilidad tácita del concepto de felicidad. “Por consiguiente, si queremos liberar el nombre del romanticismo, el amor está en una relación de implicación mutua con la ley. Cuando el ideal se deshace, el amor debería hacer la ley”2 Empero, ¿por qué no sucede así? ¿Qué pasa hoy en día en el mundo, en donde la inmediatez y la negativa ante la falta son los indicadores? ¿Tiene eso que ver con el sistema preponderante? ¿Cómo se relaciona con el día a día? ¿Cuál es el lugar –el nuestro, el de cada uno- más allá de lo que te ocupa y llena tus días? Ya no se trata de saber qué decir, sino ubicar y saber desde dónde se habla; la mayoría de opiniones surgen desde lugares, fundamentos, no de reflexiones y experiencias de esos acontecimientos. ¿Se trata del Ereignis? Es decir de ese acontecer que antes de meramente ser un hecho, es lo que hace al ser en el hacer o sea un aconte-ser. ¿Tiene algo que ver Eros aquí? ¿Cómo se las ve éste con un sistema que lucha por su manutención en vías de la homologación?3 ¿Cómo la ley se impone aquí? ¿Cuáles son nuestras magnas deudas que hacen que el sistema prolifere en demasía? ¿Cómo se vierten éstas en nuestra ideología? ¿Cuál es el papel de la institución aquí? ¿Qué es lo que hace que adherimos tan fácilmente a la propuesta, si es que ésta es una? Para pretender siquiera esbozos al respecto, nos es imposible dejar de lado la temática del padre, de la deuda, de cómo esta está en juego en nuestras representaciones, en nuestras escenas, empero la pregunta fundamental será ¿Qué hacemos con ello? Pues de no hacerlo, el mero hecho nos conduce al abismo, al fin en su sentido más mortal, al exterminio. Quizás –por ahora- no al de la especie, pero si al del deseo, cuestión preliminar que hace al ser y por lo tanto a la especie; la cuestión es qué tanto esto se sabe, se conoce y se reflexiona al respecto. ¿Cuál será pues nuestra posición ante estos hechos que sin lugar a dudas nos competen e interpelan? ¿Cómo es que se ha pronunciado, inculcado y mantenido un sistema que no hace más que discriminar las diferencias? ¿Cómo es esto posible? ¿Lo es? ¿Cuál es el predominio pulsional, si es que hubiese dudas?
Pommier4 dice: “Eros sabe arreglárselas con Tánatos, sin el cual no sería nada. En una vuelta de tuerca, goza con esta instrumentación del cuerpo, con su perfecta impersonalidad, que no deja de ser perversa, salvo en el momento de su subjetivación.” ¿Es esto el resultado de la cotidianidad, del momento actual de nuestro tiempo? ¿Cómo se juega allí lo personal versus lo impersonal, lo autoerótico a diferencia de lo sexual? Siguiendo con Pommier, éste dice (página 127). “El hecho de amar libera al amante de su narcisismo: lo que se relaja es la identificación de su cuerpo con el falo –con la ley se podría agregar-. Y luego recupera esta pérdida gracias al erotismo (el pene erguido compensa la pérdida del narcisismo fálico). El amor hace la ley quiere decir que el falo se simboliza en el amor sexual, dispensado de la bendición paterna previa.” Es decir que existen tres momentos, tres tiempos en donde se debiese priorizar al segundo que no es sin los otros dos. Uno, el primero, sería el de la ley fálica identificatoria; el segundo, la relajación a través del amor, desde el deseo; y el tercero, la vuelta sistemática a ese narcisismo fálico del cual se obtiene la ley, ésta a diferencia de la ética, la cual se relaciona con el amor. Empero las cosas se complican si es que consideramos –como debemos hacerlo- las diferencias, pues éstas activan la angustia; no se diga si se trata de la diferencia sexual y la angustia de castración implícita allí. Ésta despierta al fantasma del padre como juez irreductible y de tajante decisión. Es así que la figura del padre mediatiza la posibilidad del amor sexual. Del Eros que da cabida a la ley en el mejor de los casos. Sin embargo qué ha de ocurrir cuando es precisamente este padre el que niega la ley, una tan natural como la falta misma lo es. Me refiero a la castración, la cual, desde el capitalismo se intenta negar o mejor dicho renegar
2 Gérard Pommier. “Los cuerpos angélicos de la posmoderidad” (página 123) Nueva visión, Bs As. 2000. 3 Relaciónese con la serie “T” por Ford y su descubrimiento respecto de la automatización. Descrita por López en al mencionado artículo. 4 Gérard Pommier. “Los cuerpos angélicos de la posmoderidad” (página 126) Nueva visión, Bs As. 2000.
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(Verleugnung). ¿Se trata aquí de un padre (un Estado) perverso? ¿Es esto posible? De ser así, cuáles, sino funestas sus consecuencias. Es a partir de un hecho innegable como el ejercicio del poder, que pretendo poner en riesgo algunas cuestiones relacionadas con el Estado y con su posible representante: la Institución. Así bien, de lo que se trata aquí es de un diálogo respecto de un panorama, de una perspectiva, se trata pues, del individuo en su posibilidad de enunciación, es decir, de aquello que tiene que ver con el decir, y no con los dichos. Es pues así, si se me permite, que me propongo entrar en discusión con el mencionado tema. Algunas cuestiones sobre el Psicoanálisis y la Institución:
“El yo está constituido por un conjunto de identificaciones producto de enunciados que sobre el yo formularon los otros significativos”5 Es decir que el yo que se tiene se ha elegido, de aquí la posibilidad de cambio, de resignificación a través del cuestionamiento. Las primeras identificaciones garantizan puntos de certeza –dice Hornstein-. Lo que queda fuera de estos puntos será objeto de incertidumbre. La pregunta es ¿porqué hemos de querer todo apacible a nuestro entender? La respuesta parece obvia si entendemos cuestiones tan amplias como negación, castración, ideal, etc. Empero creo que la cuestión va mucho más allá, se trata de la negativa ante la inestabilidad, de la renuencia ante la perdida de la o las certezas esas que promueve el “saber”. Siempre será más fácil adjudicar en el otro nuestro deseo que hacernos cargo, de aquí que lo que realmente produzca el necesario cambio sea la inestabilidad, es decir que es de la cadena significante de lo que podremos dar cuenta de esa metáfora, del cuestionamiento o causalidad entre fenómenos. La certeza genera pausa, inactividad o lo que es lo mismo: estabilidad6. Tenemos hasta aquí las magnitudes de un anhelo, que puesto en práctica trae consigo consecuencias todavía no imaginables por la mayoría de la población; para ello, tan solo basta con la escucha atenta de conversaciones coloquiales, políticas, urbanas (de polítes comunes y corrientes), en donde el significante “estabilidad” pulula, como ideal protagónico a alcanzar. Más aún, cuando nos encontramos inmersos en una sociedad de consumo que pugna por su goce; tema del cual me ocuparé más adelante. Dice Freud (1938): “La meta de Eros es producir unidades cada vez más grandes, y así conservarlas, o sea, una ligazón”. Al respecto de esta frase dice Hornstein: a) la conservación como una de sus metas; b) su carácter expansivo al crear unidades más grandes, c) la ligazón, que sostiene tanto la conservación como el carácter expansivo. La conservación se realiza a través del carácter creador. La expansión “neutraliza” la pulsión de muerte componiendo formaciones más complejas. Complejización es ligadura digo yo, inestabilidad es posibilidad de resignificación, complejidad es Eros. Pues no en vano Freud (1895) dice: Cantidad en Fi es complejidad en Psi. Lo cual, lejos está de ser estable. Lo que Lacan descubre en el descubrimiento freudiano del inconsciente es justamente eso, que no hay experiencia que culmine. “El inconsciente es la estructura que impone que la verdad, en su dimensión singular, es irreductible a su incorporación al saber” así resume Alemán (2000). Es por ello, que a su vez Lacan -entiende según mi pensar- la lógica del final, desde una, precisamente que se separa de la referencia.
5 Hornstein, L (2004) “Proyecto Terapéutico” Ed. Paidós. Bs As, Argentina.
6 Si ha de interesar véase mi trabajo: “Aquellos dichos... Un lugar para el tributo.” Trabajo final para la materia: METAPSICOLOGÍA II: “El Lenguaje de las pasiones y el cuerpo erógeno”, correspondiente a la Maestría en Psicoanálisis. UBA 2004.
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“Las fijaciones son tanto sobreinvestimientos del pasado, como resultantes de los traumas: rupturas en los sistemas mnémicos. De ahí que la tarea del psicoanalista no consista sólo en recuperar una historia –de hacer consciente lo inconsciente-, sino en posibilitar simbolizaciones estructurantes”7, mismas que dan como resultado creaciones nuevas, esas, que surgen de un proceso de inestabilidad y como consecuencia del cuestionamiento. Ahora bien si la certeza es característica del proceso primario, lo viable aquí es la duda, el cuestionamiento de lo dicho y lo pasado. Por ello, me parece prudente hablar aquí de un concepto novedoso que bien podría aplicarse tanto a la práctica y a la teoría psicoanalítica como a la enseñanza y al aprendizaje institucional; me refiero al término “teorización flotante” de Aulagnier. Al respecto Hornstein comenta que se trata de “una actitud que moviliza todo aquello que conoce el analista respecto del funcionamiento psíquico. En el pensamiento, lo mismo que en la clínica, el analista ha sido convocado por un enigma que, más que resolver, tiene que elucidar.” No puede haber realización del proyecto analítico dice Aulagnier (1986) y menos aún de un final agrego yo, si ambos participantes no son capaces de correr el riesgo de descubrir pensamientos que podrían cuestionar sus conocimientos más firmes... Apuesta sólo sostenible si se experimenta el deseo de favorecer en sí mismo y en otros el surgimiento de un pensamiento nuevo. Debemos ser humildes ante el otro, humildes ante cierto saber –aquí que no se sabe-; humildad que sin duda se ve mermada por insuficiencia yoica o lo que es lo mismo, por estabilidad de cátedra o de escucha ante un auditorio de antemano “ganado”. Tan solo y simple en el sentido más escueto de la tan aprisionante cuestión de autoridad. De cómo entendamos el conflicto y, en consecuencia, las formaciones de compromiso8, dependerán las prácticas de cada uno y los finales que se decidan en dicha práctica.
“En la relación analítica emerge esa nostalgia que se expresa en el encontrar a alguien que sabe quién es el sujeto desde el origen, que conoce la totalidad de los deseos, de los placeres, de las angustias. Este es el riesgo de la alienación”9. Mismo que se da por el famoso y discutido tema de la transferencia. Empero como sabemos, ésta, no es exclusiva del dispositivo analítico, sino que nos compete en todas y cada una de las relaciones que establecemos, incluyendo las de la transmisión dentro de las instituciones, es pues de ésta, tan solo ésta cuestión, que debemos poner atención analítica, y no al modo psicopatológico suprimir algunos de sus componentes. Aulagnier diferencia entre amor de transferencia (cualidad necesaria para el desplegamiento de un análisis) y la pasión de transferencia (condición que lo hace imposible). La relación pasional -dice la autora- es atribuible a un déficit de la fusión pulsional. Lo cual nos hace pensar en el predominio de una; y contemplando lo anterior respecto de la estabilidad, podemos anticipar quizás de cuál se trata. “La no discriminación entre objeto fantaseado y real puede deberse a que el objeto no es percibido como entidad separada y suple fallas estructurales, o porque no es reconocido en su alteridad, siempre traumática aunque cumpla con funciones protésicas. El término objeto es polisémico. El objeto puede ser parcial, total narcisista. Dar cuenta de la diversidad de las relaciones con el otro, trabajar la relación narcisista con él, implica evitar el reduccionismo de una visión dual en la que el yo y el objeto están separados como el adentro y el afuera.”9 Se trata de dos sujetos, de dos historias, de dos tipos de identificaciones, que de algún modo, específicamente desde la transferencia se complementan, una (la del analizante/alumno) en vías de la subjetividad, la otra (la del analista/profesor) en vías de producción y/o de un conocimiento mayor de su praxis. La relación así, es bilateral, no unilateral.
7 Hornstein, L (2003) “Intersubjetividad y clínica” Ed. Paidós. Bs As, Argentina. 8 Compromiso aquí en su sentido más amplio: Ese que da lugar a la posición ante la enseñanza, ese que jerarquiza y ordena, no para crear certezas sino vínculos, ese que se asume con toda la responsabilidad de por medio para la difusión y la transmisión de conceptos, ideas y tareas por emprender. La labor analítica no termina en el consultorio, así como tampoco la labor académica en el aula. Analista y profesor son aquí muy similares a partir del compromiso por el cuestionamiento y la ligadura por consecuencia. 9 Hornstein, L. (2004)
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En las organizaciones10 narcisistas es común ver como se aferran al otro, a su discurso para no perder y perderse, sin embargo se sabe que la perdida no solo es unidireccional, sino que es doble, perdiendo al otro en calidad de diferencia y en tanto representación de sí. Es decir homologándose en una mezcla en donde los componentes se pierden por no diferenciarse lo que es de uno y lo que es de otro. Así llegamos al terreno de la afánisis o el fading*. La relación del yo con la realidad es siempre conflictiva, no sólo en la psicosis se producen alteraciones del yo. Para Freud (1937) ellas tienen, al igual que la intensidad pulsional y la crueldad del superyó, un papel protagónico en cuanto a la posibilidad de transformación del sujeto. Más aún cuando se está en un proceso afanísico. Prevalece así un yo lábil, desbordado o avasallado por las otras instancias, incluidas las instituciones, organizaciones y/o empresas compartidas sin el debido cuestionamiento. El yo –dice Hornstein- cumple malamente su función de elaboración de los conflictos. De ello, hay indicadores clínicos que lo demuestran: la incidencia de los procesos primarios en el pensamiento, así como el despliegue de mecanismos primitivos. Tales como lo es la indiferenciación; cuestión en abundancia cuando hablamos de socios, miembros o seres en pertenencia a una u otra institución.
Alterar el contrato no implica renunciar al análisis. –dice Hornstein- Ése es un fantasma que aparece sólo cuando se idolatran los estándares, y se siente miedo ante lo real que se insubordina al análisis. ¡Como si lo Real alguna vez fuera obediente! Sí- ¿Qué pasa con esa heterogeneidad que cuestiona el análisis estándar y el proceso de enseñanza aprendizaje dentro de lo institucional? Pareciera que está sumido bajo la protección y certidumbre que le da el lecho de la comunidad, de aquél circulo o sociedad que parece impermeable, pues dicha permeabilidad significa resquebrajamiento. Es decir, aquí debemos cuestionar la institucionalidad del psicoanálisis11. Muy por el contrario, debemos abrirnos al campo de la experiencia y de la pluralidad, de la alteridad radical.12 Empero “la duda está siempre presente y las certidumbres acarrean el riesgo de cierta mutilación de la movilidad identificatoria. Cada vez más los enunciados se refieren al yo y lo definen ya no dependen del discurso de un otro, sino del discurso del conjunto”9 como lo dice Aulagnier13. Así pues la certidumbre, el saber posterga, inclusive anula la posibilidad de la enunciación, al contrario, fomenta el poder del otro; ese otro que muchas veces nos resistimos a ver y que esta enfrente de nuestras narices y que se llama analizante, institución, asociación, grupo, etc. Entidad al fin de sustento. Ahora no quiero hacer pensar que el sostén no sea necesario, lo es sin lugar a dudas, empero también un lugar idóneo para el proceso de identificación. El conflicto identificatorio se reabre –dice Hornstein- cada vez que hay conflicto entre aquello que el yo es, aquello que esperaba devenir y aquello que él cree haber devenido. Es decir que se reabre a menudo. Que esa pues, sea la postura del psicoanalista y por que no, de quien enseña psicoanálisis, que de donde surgió no se pierda; y aclaro aquí que no adhiero en absoluto a una psicología del yo, no debemos confundir esa corriente con las alianzas y avatares del yo en su analogía –y su interrelación con los tres registros- con el poder de investimiento, crecimiento y en general aquella permeabilidad que posibilita la tan anhelada subjetividad.
10 Valga aquí también dicho término, para expresar lo entendido por empresa, institución u organización en función de cualquier tipo de producción. * Fading, proviene del verbo en inglés To Fade que puede significar: palidecer, apagarse, desvanecerse, debilitarse, consumirse y/o desaparecer. 11 Sabiendo de antemano a que nos remontan conceptos tales como protección y certeza y/o resquebrajamiento. 12 Más aún cuando la enseñanza de Lacan, específicamente en el seminario 11, indica refiriéndose a la transmisión de poderes del sujeto al Otro, el lugar de la palabra que bien podría ser el de la verdad, que es de A (como alteridad radical, ajeno a la identificación e inscrita en el orden simbólico) y no de “a” (como proyección del yo –propio y heredado- y correspondiente al registro imaginario) que podremos dar cabida al desarrollo, a la subjetividad a la alteridad en tanto sujetos. 9 13 Aulagnier, P. (1975) “La violencia de la interpretación”. Ed. Amorrurtu. Bs As, Argentina.
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“Considerando al psiquismo como sistema abierto privilegiamos los encuentros y los duelos actuales no como realización de una virtualidad preexistente. Movimiento y fluctuaciones predominan sobre las estructuras y permanencias. Lo incesante es la turbulencia.” (Hornstein 2004) La cuestión es entonces tratar de girar y/o hacer girar el discurso del analizante; permitiendo crear inestabilidad de lo ya establecido -o que esta por establecerse desde la enseñanza de la institución, sea por un agente que la representa o por ella misma*,- ese será el modo de dar cuenta de las diferentes posiciones, de las cuales se partirá para asumir una propia, empero no sin antes habiendo conocido las intrincadas en dicho proceso. Pues no esta demás el citar aquellas famosa frase de Lacan: “Un significante es sujeto para otro significante”, de aquí que el sujeto sea identificado por sus dichos, más aún, que sea de esta inestabilidad (paso sucesivo de significantes) de la que podremos obtener el mayor provecho para significar e identificar dicho goce en aquel sucesivo devenir. Empero la pregunta inmediata será: ¿No es esa significación producto de la inestabilidad cierto indicio de estabilidad, misma que podrá bloquear nuestra tarea inestabilizadora? ¿No se juega allí ya cierto final o mejor dicho cierto fin? Me parece por ahora que si, sin embargo dependerá de la aptitud del analista el poder manejar dicha inestabilidad y contemplar el goce de esta ante algo de su creación respecto de la resolución que el mismo goce implica. Pues no cabe la menor duda de que hay ejemplos de sobra, en los que se glorifican ante el desarrollo sintomático de un paciente, anteponiendo la verdadera cura o inestabilidad; de la cual el trabajo analítico (analista-analizante) podrá dar cuenta ante ese devenir subjetivo. Es común así mismo, encontrarnos con situaciones en donde se tiende a asignar y/o adjudicar fijezas a cierta movilidad, tanto de un lado como de otros. Empero de ello, ya bastante se ha hablado, por lo que no contribuiré a dicha empresa.
“Lo imaginario sobre pasa ilusiones, señuelos y trampas. No es un intento de poner un parche a una falta original del sujeto. Es la capacidad de crear y transformar algo; es inseparable de la fantasía, la representación y el afecto.” (Hornstein 2004) Obvio que el fin dependerá del uso que le demos a este estatuto. Sabemos que el campo socio-histórico y simbólico se caracteriza por significaciones imaginarias sociales, encarnadas en instituciones. La subjetividad es producto de la incorporación de significaciones imaginarias sociales creadas por el colectivo anónimo de los sujetos, a partir de su imaginario social instituyente+. El sujeto deviene dando a su pasado y a su porvenir un sentido, eligiendo un proyecto identificatorio y una interpretación de su historia reelaborada sin cesar. No en cambio siendo producto14 de aquella casa que lo ha formado. Es pues la institución solo un medio y no como se ha jerarquizado, logrando finalidades que contraponen sus propios objetivos. Ahora bien, para que la institución recobre su significado original debe ofrecer, ofertar más de un sentido, lo cual, como sabemos lo cumple, pues tan solo basta con más de un individuo para que se logre tal proceso. Sin embargo la actual sociedad, en gran medida representada por las instituciones, no sólo ha dejado de ofertar, sino que ha pasado a ocupar su lugar contrario: demanda. Así es, demanda aquello que no está en condiciones de ofertar, tan solo por el hecho de que aquellos medios (instituciones) se han convertido en fines. Devaluando así sus propios medios como condición de credibilidad y confiabilidad. Se trata de generar pensamiento, de promover el cuestionamiento; no de inculcar valores y pretender cierta continuidad estoica de aquello que se piensa cierto y que debe ser transmitido para su manutención. El fin de análisis es una metáfora, no se trata de la constitución de un ideal, sino todo lo contrario, se trata de la deconstrucción de ese ideal. Es del negar la capacidad del otro que se niega la propia, pues si no reconocemos a la alteridad como un fin en sí mismo, estamos alterando de antemano los medios para dicho entendimiento. Si se quiere y prefiere, pasamos de la identificación
* Siempre considerando que la significación es producto del entrecruzamiento del registro simbólico y el imaginario. + Castoriadis diferencia lo instituido de lo instituyente. Lo instituyente es producto de la fuerza creadora del colectivo e instancia potencial en todo proceso histórico. 14 Valga por la relación anterior del modelo “T” y del consumidor, concepto que será abordado entre otras cuestiones con mayor detalle en el apartado siguiente dedicado a ciertas analogías entre el Estado y la Institución.
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parental, a la identificación institucional, lo cual como ya sabemos no ha de ser paso grande, en la medida en que continuemos en territorios ajenos a la subjetividad. Se trata del advenimiento de un significante nuevo que no tenga sentido, que esté por crearse. No digo con ello que eludamos al sentido, pues sabemos que la psique requiere de éste; las instituciones, mediante capas de socialización que se aglomeran alrededor del núcleo de la psique, lo proveen mediante las significaciones imaginarias sociales. Empero no basta, es hasta que se haga lo propio con dichas significaciones como antecedentes, que podremos dar cuenta de lo que nos es particular. El problema radica generalmente en que adquieren un muy distinto valor, convirtiéndose en significados, en representativos de grupos y masas, que tan sólo por simplicidad los asumen propios. Me gustaría hacer aquí un paréntesis y aclarar que no sólo por el hecho de que existan significados masivos hay de antemano falta de subjetividad; sin embargo parece ser que en estos tiempos lo heredado15, en tanto identificado y como grupo de pertenencia que denota estabilidad, tiene más peso que la producción individual; las razones están dadas, aunque no está de más recordar que lo imperioso es construirse en la experiencia. Un Lichtung.
“Lo que mantiene unida a una sociedad es su institución, que incluye normas, valores, lenguajes, herramientas, procedimientos y métodos de hacer frente a las cosas y de hacer cosas. ¿Cómo se imponen las instituciones? Mediante la adhesión, el apoyo, el consenso, la creencia.”16 El punto será que tanto éstas promueven a sujetos pensantes o los mantienen alienados tan solo por fines prácticos y demagógicos. Pues bien dice Hornstein: La institución produce individuos que la producen y la reproducen. Causas constantes que no podrían producir efectos variables. Se apuntala en lo dado. Muy por el contrario el hombre alcanza su autonomía cuando deviene un sujeto reflexivo que está en condiciones de cuestionar significaciones imaginarias y sociales, dándose a sí mismo sus leyes; de allí la posibilidad subversiva del sujeto, es decir que no se queda con lo que incorpora, sino que le da una torsión, una vuelta más. La representación como la entendemos es la forma en la que los estímulos del mundo pueden ser procesados por el sujeto, con lo cual se crean registros, parámetros, huellas e información. La pregunta será entonces, ¿cómo y en qué medida el individuo puede cuestionar dicha información? La reflexión consiste –dice Castoriadis- en cuestionar la clausura en la que estamos cautivos, proveniente de nuestra propia historia y de la institución social-histórica. Requiere nuevas formas y figuras de lo pensable creadas por la imaginación radical. “La reflexión surge cuando el pensamiento se interroga no sólo sobre sus contenidos particulares, sino sobre sus presupuestos... Un proyecto al servicio de Eros supone la elaboración de ciertos duelos y tiene como protagonista la diferencia.” Sin embargo es común escuchar y leer, que cuando solo se encuentra al otro (“a”) y se le convoca, se llama demanda de Amor, empero uno no elaborado, sino simple y llanamente como demanda, puesto que estos sujetos en gran medida, adquieren el estatuto suficiente para su postergación (la propia, la del primero y que no alterna) y no aluden una verdadera trascendencia, pues ésta contempla Otras (“A”) cuestiones. Pareciera entonces que el que transmite o enseña, debería por tanto haber trabajado en gran medida todas estas cuestiones transferenciales; o lo que es lo mismo haberse analizado. Lamentablemente esto, como sabemos solo se da en muy, muy pocas ocasiones, inclusive en instituciones de orden psicoanalítico.
15 El superyó (considerando lo que Freud dice en “El malestar en la cultura” 1929.) es bastante inmoral en la medida que impone normas sin dar cuentas de nada, sin importarle las otras instancias. Ahora bien, si el superyó tiene algo que ver con los padres, es precisamente con el superyó de ellos, es decir con aquello heredado de inconsciente a inconsciente. El mismo Freud puntúa estas diferencias contextualizando dos conceptos que se han traducido erróneamente como congénito, él hace una marcada diferencia entre Heredität y Erbschabt, siendo el primero del tipo pasivo, se adquiere tan solo por el hecho de pertenecer; muy por el contrario la Erbschabt que es activa y en la cual hay una elección, tanto para quien hereda haciéndolo propio, como para quien lo da, identificando que es para ese precisamente. 16 Hornstein, L. (2004)
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Algunas cuestiones sobre la Institución y el Estado: Me gustaría comenzar este apartado tratando de identificar algunas cuestiones que le anteceden al proceder actual institucional, me refiero al origen de las Urbes. Las ciudades (las urbes u orbes yendo más allá) se constituían en circulo, con un centro y con una periferia, es pues que la centralización sea constitutiva de las urbes, les es inherente, tan sólo –y no restando ningún mérito- por que la centralización tranquiliza, genera apego y mimetismo, de aquí su complejilidad a nivel psíquico si lo que deseamos es promover la tan anhelada alteridad. El desapego de las urbes, de las masas con fines singulares apunta a una descentralización con fines plurales para todo un pueblo; empero tal deseo no ha de prosperar, pues el costo es de tal magnitud que excede la posibilidad elaborativa, tranquilizadora, es restarle poder al Otro, lo cual de antemano ya es angustiante como lo hemos visto al final del apartado anterior.
La relación existente entre la centralización y la institución, como aquella organización que rige, que organiza a partir del centro una idea, un régimen estandarizado (centralizado) con fines grupales parecería imposible. Sin embargo este tema ha sido ya abordado dentro de muy diferentes marcos y propiamente desde el psicoanálisis, al referirse a las diferencias y posibles convergencias entre el discurso universitario y la enseñanza del psicoanálisis mismo. Empero parece que este tipo de discurso trasciende a dichas instituciones (las universidades) y va mucho más allá17, lográndose inmiscuir en dispositivos que de antemano parecieran regirse desde otro campo: el de la transmisión del psicoanálisis mismo. ¿Es pues así, esta época de consumo, el mayor predisponente para dichas identificaciones masivas y como consecuencia la falta per sé de singularidad? ¿Es aquella centralización ligada a la institución, la que impulsa a un devenir singular, sin saber que a lo que alude es a lo radicalmente opuesto? Pues bien dice Bloom, H. (2005) “El pensamiento grupal es la plaga de nuestra Era... y su efecto es más pernicioso en nuestras obsoletas instituciones...” o si se prefiere, para descentralizar, un pensamiento más acorde con nuestra realidad latinoamericana. Mendoza, M. (2003) dice “La sociedad no soporta a aquel que se aleja de las reglas del rebaño. La tendencia a masificar ideas y conductas hace del diferente un individuo indeseable, como si fuera un elemento peligroso para el desenvolvimiento de la máquina social”. Así pues pretendo dar alguno indicios de lo que implica dicho paso por el Estado o magna institución a los fines subjetivos, a los fines y finales de lo que aquí nos convoca, pues hemos de estar de acuerdo en que la sublimación en cuanto transmisión no es contraria del ideal, el fin de análisis si lo es. Los ideales suponen el no atravesamiento del fantasma y lo que se pretende aquí es justamente ello, dar cuenta de lo que se Es.
Ignacio Lewkowicz (2004) dice: “ La querella modernidad-posmodernidad se agota cuando el Estado ya no provee supuestos para la subjetividad y el pensamiento. Pues en retrospectiva, la modernidad-posmodernidad era pensamiento instituido estatal versus pensamiento crítico antiestatal.” Vemos aquí su relevancia cuando en tiempos actuales existe más de un pensamiento respecto del estado y su función de guía y/o manejo en el ámbito institucional. Lacan (1966) dice: “Una comunidad de la subjetivación la subtiende, la cual objetiva las falsas evidencias del yo y desvía toda prueba de certidumbre hacia su postergación.” Así pues tan sólo por comodidad, resulta más fácil pero también menos singular, más aún cuando se han contemplado desde este autor las enseñanzas del Hegel, esas
17 Valga por el trascendental texto de Freud: “Más allá del principio del placer.” (1920) y lo que allí se expone respecto de la repetición.
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que bien podrían entenderse falsamente desde su tercer momento (síntesis), es decir como consecuencias de un debido cuestionamiento, asumiendo ya la responsabilidad y no delegándola en el Otro, llámesele Estado, Institución o tan solo ese que nos supera en gran medida. Por eso sólo –continúa Lacan- una enseñanza que quebranta esa comunidad traza el camino del análisis que se intitula didáctico, puesto que los resultados de la experiencia se falsean por el solo hecho que registrarse en esa comunidad. Este aporte de doctrina tiene un nombre: es sencillamente el espíritu científico, que falta absolutamente en los lugares de reclutamiento de los psicoanalistas. Puesto que éste debe ser propio, subjetivo, con todas sus implicancias y no como en gran medida se hace ahora, aludiendo aunque tergiversando discursos de este grande del psicoanálisis, al contemplar y dar por hecho cuestiones que van, la mayoría de las veces, más allá de su entendimiento. Me refiero a la divinización que ha adquirido una frase como esta: “El analista no se autoriza más que por sí mismo”18. Se trata entonces del cuestionamiento de discursos, no de la homologación de estos, se trata aquí de un saber pensar, un pensar subjetivo. Lo cual va en detrimento si se forma parte de una institución o de un sólo tipo de enseñanza. Bloom Dice: “No toleramos mesas y asientos a los que se les caen las patas, sin importar quién los haya hecho, pero pretendemos que los jóvenes estudien textos mediocres, sin patas que los sostengan. Quizás la grandeza no esté de moda, como no está de moda lo trascendental, pero es muy difícil seguir viviendo sin la esperanza de toparse con lo extraordinario.” Lewkowicz comenta que si se insiste tanto en la parte instrumental es porque ya dejó de serlo para investirse como efectivamente dogmática, instituyente se podría agregar aquí a nuestros fines, dejando así de lado la demanda y/o el surgimiento original, dando como consecuencia prioridad a una oferta que se limita a las precariedades de cierta cúpula en pugna de su manutención. Cuestión que se ve reflejada en aquellos querellantes, cuyo objetivo contempla la pluralidad, no en cambio la propuesta singular, inminente de la institución como dogma. El ciudadano, querellante o en estos términos miembro o participe de una institución, se convierte así –siguiendo la línea de Lewkowicz- en un consumidor más y no en un ciudadano con derechos y obligaciones. El consumidor adquiere así primacía, rango constitucional, validez y autonomía. Vivimos, y esto no se puede negar, en una sociedad regida por este principio: el consumo. Empero la situación no termina allí, sino que se agrava con el hecho, o mejor dicho con la desmentida de que algunas instituciones no forman parte de aquellos parámetros, siendo estas mismas las que promueven –pero no al modo de la oferta, sino al de la demanda- adeptos para su manutención, para cierta conservación monopólica, en donde el principio se rige de igual manera, tanto consumes (títulos, seminarios, cátedras, jefaturas hospitalarias, producciones, etc.) tanto vales. Como vemos está en riesgo no sólo la credibilidad del psicoanalista, sino las instituciones a las que éste refiere. Cuestiones ambas, que se han visto notablemente afectadas hoy en día dentro de las instituciones y por las instituciones, pues por el contrario de la supuesta integración a los marcos disciplinarios, se han hecho de éstas, seudo religiones que perecen comprenderse y autoabastecerse sólo por unos cuantos -y muy pocos diría yo- dando un sustento ególatra a sus teorías que tienden a una transmisión inequívoca de ciertas concepciones allí mismas creadas. Pareciese entonces que la única vía de sustento es el reclutamiento de individuos con cierta necesidad de pertenencia y/o reconocimiento, pues de ellos y su inequívoca identificación asirán el porvenir de sólo uno o unos –en el mejor de los casos- en cuanto a su percepción de las cosas: cuestión que de antemano sabemos ya, sus implicancias a nivel subjetivo.
“Los conceptos de “complejidad” y de “diversidad” por ejemplo, han sido una respuesta a la demanda de interdisciplinariedad, particularmente imperativa en lo que hace a asuntos humanos y sociales. Cabe
18 Seminario 21. Clase 11 del 9 de abril de 1974.
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considerar la medida en que cumplen funciones de prótesis epistemológicas, útiles para representar un objeto de la ciencia que no estaría fragmentado, aunque no queda resuelta la cuestión de que el objeto mismo esté imposibilitado de no ser un objeto parcial.”19 Se trata de individuos y sabemos que la duplicidad es constitutiva del yo, aunque nos dé trabajo. La cuestión es que en el afán de simplificar las cosas, restamos valor a lo realmente importante, a lo trascendente, aunque no esté de moda como dice Bloom. “Porque en la posmodernidad el conocimiento vale si tiene 2 características: 1) si es vendible como valor de mercado; 2) si es medible, cuantificable y pasible de transferir a una máquina. El vacío de la posmodernidad no podría estar vaciando aquí al cuerpo teórico psicoanalítico quitándole justamente su sujeto. Al hombre se lo sustrae o intenta ser sustituido por la máquina”21. Una máquina que cumple con las funciones del hombre y de un hombre que provea –en tanto consumidor- los elementos para la creación de dichas máquinas. Así tanto hombre (sustraído de sus más intimas posibilidades) y máquina (por su imposibilidad de condiciones) guardan una cercanía perversa, en tanto la desviación de las condiciones del primero. Me refiero una vez más a la institución como elemento proveedor de máquinas pensantes a partir de ideas, conceptos y/o desarrollos que parecen ser inamovibles si se pretende ser parte de aquélla designación; y utilizo esta palabra pues para ser, pareciera que es necesario pertenecer, ser parte de algo o alguien. Lo cual como sabemos alejado está del beneficio real del psicoanálisis y su práctica: La subjetividad.
La institución va convirtiéndose en el día a día en algo parecido al soberano, en donde no importa la lógica de su función, no se le cuestiona, sino simplemente importa que funcione. “El devenir producirá las formas efectivas.”22 Aunque como sabemos hay allí una cuestión medular que nos atañe a todos los interesados en el psicoanálisis. Me refiero al Goce de tal pasividad y ante lo cual no sólo no se refuta, sino que se adhiere. “Como confundimos profesionalmente lo real con lo simbólico y lo imaginario, preferimos llamar verdaderas en situación a las ficciones activas y ficticias en situación a las ficciones agotadas... -la cuestión es que- no son ni verdaderas ni falsas, sino que funcionan como verdaderas o falsas.”22 Fernando Ulloa –siguiendo con Lewkowicz- decía que una ficción es buena cuando opera en el régimen de la conjetura. La conjetura es la nobleza de la ficción cuando no es ficticia, cuando sin desconocer los hechos va más allá de ellos para llegar al punto en que es posible resignificarlos –o resingularizarlos-. En cambio, una ficción agotada ya es la vileza de la mentira, del desconocimiento deliberado: construcción fetichista sobre los hechos cercenados que oculta a sabiendas su carácter ficticio. El punto es ¿Qué tanto las instituciones hoy en día hacen conjetura y promueven tal acción, o se anclan en ficciones agotadas para mantenerse reales, aunque desde lo imaginario si retomamos aquella confusión mencionada arriba?
En este marco, lo constituyente es el acto de la institución, de una ley en la cual se desinviste una ficción. La ficción del Estado-nación queda desinvestida en tanto que verdadera –o activa-, y se presenta como ficción agotada o falsa. Ahora bien, sería inocente pretender olvidar de donde surge este –por lo menos este- cuestionamiento, pues sin lugar a dudas la “institución” ha tenido cierto protagonismo. No con esto quiero decir que sea el único, si en cambio, que es uno posible, en la medida que genere ficciones al modo de la conjetura; cuestión que se ve altamente mermada por el simple goce que genera pertenecer a una o a otra casa. Pues bien dice Ignacio Lewkowicz: “Si ya es una extralimitación de la posición tradicional del historiador andar haciendo diagnósticos del presente, lo sería aún más andar haciendo conjeturas alrededor del futuro. Se lo puede anticipar, pero no ya
19 Courel, R. “Observaciones sobre el ideal de unidad de las ciencias.” Trabajo desprendido de la investigación “Incidencias de la subjetividad en ciencias. Implicaciones teóricas y prácticas” (Proyecto P067, Programación UBACYT 2001-2003). Instituto de Investigaciones Psicológicas, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. 21 Marticorena, L. (1991) “¿Qué es investigar en psicoanálisis?”. Revista del claustro de candidatos (APA). Año 3 - N° 6. Página 25. 22 Lewkowicz, I. (2004) “Pensar sin Estado”. Ed. Paidós. Bs As. Argentina. 22
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como historiador; uno tendría que situarse en el límite de la tendencia y leer desde allí, como si desde el futuro narrara históricamente algo que hoy está por ocurrir y aún es incertidumbre.” Esa que está íntimamente ligada con el cambio, con Eros, con aquella posición activa que trasciende al goce y que va desde el cuestionamiento, desde la metáfora, al entendimiento y a lo propositivo desde éste. Empero, al tener el material desarticulado23, es más sencillo repetir que elaborar; sin embargo, es en este momento de desarticulación, uno adecuado para dar paso a un re-anudamiento, en el que uno cae en la cuenta de esa repetición que ha llevado durante el pasado y de la cual ha sido producto hasta ese momento. De aquí la importancia y la continua aparición que tiene la repetición, pues es constitutiva. No hay una elección, se ES la marca que el otro remite; pues de no hacerlo no habría cabida al ente que atañe al ser. Ese otro, es la referencia que nos constituye, no hay posibilidad de apartamiento. Sin embargo en el psicoanálisis se trata de una sustitución del sujeto; de un proceder subjetivo real, no producto de la repetición, menos aún de la indiferenciación. Se trata del paso de un sujeto producto de la castración24 a uno que pueda operar la castración. Se trata hacia el final, de hacerse cargo de ese resto, de ese lugar vacante que ha dejado la ficción, una, que como sabemos es útil para originar y dar lugar a ese sujeto.
La falla radica en la alteridad, en poder pensar como los otros y no sólo como uno, se trata de leer al otro como otro. Así la metáfora (herramienta por excelencia de nuestro trabajo analítico) aplica tanto a lo que es claro (expuesto) como a lo que es obscuro (lo profundo), ambos como fuentes de inspiración. De allí quizás, que no haya la necesidad de interrogar lo profundo, sino lo que puede estar en la superficie (a la vista) o que está expuesto, simplemente hay que saber leerlo. Así como en la carta robada25 el narrador nos cuenta lo que al prefecto le contó la reina, y que a su vez nosotros contamos en nuestro entendimiento; el analista escucha eso que le cuenta el analizante y que a su vez le han contado y/o que ha asumido que le contaron bien. En el psicoanálisis no hay nimiedades, el método es el de la conjetura a diferencia de la intuición o el método deductivo. Entonces ¿por qué adular a la institución? ¿Por qué hemos dejado que ésta, adquiera la soberanía del Estado? ¿Por qué no empezar por allí para aplicar el método que nos convoca? Finalmente y siguiendo la línea propuesta por Ignacio Lewkowicz ¿Se podría pensar sin ellas? O es esto una apuesta que nos conduce a lo peor.
“No podemos poner ni los miembros antes que la sociedad, ni la sociedad antes que sus miembros. El discurso instituye a la vez el conjunto y sus elementos. El conjunto es el lazo social.”22 No uno (institución) ante el otro (comunidad) y viceversa. Empero la balanza no ha de ser muy equilibrada, pues los elementos son los individuos, pero no tal y como son en general sino tal y como son instituidos por ese lazo y para ese lazo. De aquí su pregnancia y relevancia social. Pues no debemos olvidar que el mercado ya desbordó las necesidades, decisiones y ofertas nacionales; es así como la institución deberá contemplar y contemplarse en función, no sólo de sus estatutos y adeptos, sino también desde los de las demás. Dando como resultado la des-institucionalidad o lo que podría ser lo mismo la imposibilidad de la institución en tanto convocante de sujetos. Esto sólo sería posible si se trata de aprehender individuos gozadores de sus, y en pro de sus identificaciones, pues no se trata de articular un saber, sino de resolver un problema.
23 No debemos olvidar la relación que el goce tiene con lo sexual traumático (como repetición). 24 Entiéndase castración como falta; una falta que nos es tan singular como la vida en si, pues de no ser por ésta, no tendríamos punto de referencia. Empero no debemos limitarnos a este punto, sino que debemos contemplar un horizonte apremiante. 25 Cuento de Edgar Allan Poe, publicado en el año 1845. 22
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El Estado técnico-administrativo, las economías y finanzas no sólo de empresas, sino de naciones enteras, se apoyan sobre el consumidor, esa es la ideología contemporánea de muchos de los gobiernos. Ahora bien, habiendo ya anticipado ciertas analogías entre el Estado y la institución y entre el consumidor y en miembro de aquellas, dicha comparación no es menos que aberrante, pues el consumidor se rige por la ley de oferta y demanda, muy por el contrario el ciudadano se rige por el derecho. Diferencia que aparentemente hoy en día ha perdido peso y validez. “La estabilidad es consigna absoluta del Estado técnico, que no gestiona las demandas de todos los hombres sino los encargos de su soporte subjetivo: los consumidores.”26 Con esta visión el consumidor le antecede al ciudadano, lo cual parece irrisorio. Del consumidor al ciudadano, como si pudiese pensarse en tales hechos cronológicos a partir del derecho mismo; sin embargo, es sin duda el modo de interacción en estos días, pues basta tan solo con echar un vistazo a la sociedad actual, en donde rige cierto valor: tanto tienes, tanto vales. “Asistimos a una mutación del estatuto práctico del concepto de hombre –ahora determinado como consumidor- una mutación del estatuto práctico del lazo social y del Estado. Habitamos también un trastocamiento general del concepto práctico de representación.”26 Considerando desde ya sus implicaciones a nivel psíquico, de aquello de lo que somos parte constituyente (como instituido a diferencia de lo instituyente). De tal modo que sea imperante la necesidad de asimilar tales hechos y constituirse, instituirse dentro de la institución.
La caída –dice Lewkowicz- de los Estados-nación, la universalización abstracta de los mercados, induce un repliegue de las identidades sociales en guetos definidos por un rasgo: lógica de guerra entre guetos. Los poseedores del rasgo están en guerra virtual o efectiva con los que no la poseen.27 Es así como se diferencian y discriminan la diferencia, es en el sentido político un negarse a sí mismos, desde la autoridad –como sesgo- de ese rasgo. Sin embargo no todo ha de estar perdido, mi afán optimista me guía en cierta medida a elucidar cierto panorama, ya que si el agotamiento desaloja las certezas colectivas –esas que a su vez prosperan en la institución- en las que hasta ahora, mal que mal, habíamos podido descansar, es entonces de ese momento del cual debemos sacar provecho e ir al encuentro de ficciones conjeturales, las cuales nos abrirán camino para su trascendencia. Se responde con una indeterminación bien verdadera –que pese a su aspecto no es una evasiva sino un llamado, una provocación. Es entonces del aprovechamiento de las condiciones que han venido gestándose, de las cuales debemos como ciudadanos –como polítes- del mundo, de las cuales no sólo obtener conjeturas posibles, sino métodos de intervención y aplicación. Sólo las acciones colectivas desvían, trazan nuevos recorridos dice Lewkowicz, pero no de un pueblo en dilución masiva, sino de la gente en su individualidad propositiva, adecuada y de respuesta ante un entorno que le demanda; es pues la respuesta nuestra como aquella oferta, la que debemos propiciar, el cambio empieza en el pensar, pero como sabemos no basta, hay que actuar; y en algunos casos hay que hacerlo ya. “La soberanía no emana del pueblo sino de la gente. La gente ya no son los ciudadanos sino los consumidores. Si el consumidor se inviste como soberano, la ley será la ley del consumo. El signo, según planteó Ulloa, es arrogante: se dispone a ser visto por todos y no mira a nadie.”26 Es de aquí pues su necesidad apremiante, pues creo sin temor a equivocarme que muchas de las instituciones actuales –por lo menos las pertenecientes a ciertas líneas psicoanalíticas- optan por esta característica del signo. Empero mucha razón tiene Courel (2001-2003) cuando nos anticipa que “el pensamiento de que cuando una
26 Lewkowicz, I. (2004) “Pensar sin Estado”. Ed. Paidós. Bs As. Argentina. 26 27 Es importante subrayar de esta consecuencia, dos de los principales componentes, pues no es menor que se hayan utilizado significantes como repliegue y rasgo, en donde el primero con la ayuda de Winnicott (1979[1954]) sabemos que se refiere al distanciamiento de la relación despierta con la realidad externa, distanciamiento que a veces cobra la forma de un sueño, respecto de la huida. Ahora bien, contemplando las incidencias del rasgo, sabemos que éste se asume como propio, aunque no dejan de ser meras marcas identificactorias que no acceden a la egodistonía. 26
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teoría pretendiere abarcarlo todo se echaría a perder haciéndose inconsistente, no ha dificultado que, en los hechos, se continúe persiguiendo el mismo ideal.” Este parece ser el estatuto que se ha de mantener, sin embargo sabemos en gran medida las consecuencias posibles, la cuestión es ¿qué hacemos al respecto? ¿Cómo desde aquí pretender un final feliz? Un tiempo abierto para la creación nos es presentado a partir de otro agotado, es pues éste, un tercero privilegiado para generar instituciones prácticas propicias para nuevas ficciones. Una práctica que no obtura, sino por el contrario propone, interroga y cuestiona. Esa que se constituye a partir de la conjetura; y que es de ese método del que se guía. Los egresados de esta institución no son portadores de un título a fines del consumo, sino de esos que los han llevado en principio a concurrir y que después a propagar aquella enseñanza. En resumen no son parte de instituciones, sino que son instituciones en sí mismos, cuestión que atañe al ser al decir de López (2004). Conclusiones: Habiendo ya mostrado cierta tendencia, me gustaría ahora tan sólo evidenciar el riesgo de una muy probable vía de continuación en el ámbito académico, didáctico e institucional. Me parece que le esencia está dicha, aunque no está de más aprovechar este espacio para subrayar algunas cuestiones. Por ello me dedicaré aquí a mostrar en lo posible, la violencia que en sí radica y emana de la institución como una fuente de ley feliz, en principio para sus miembros y luego para consigo misma. Es así que me parece oportuno hacer mención una vez más, a uno de los textos ejes en esta propuesta. Lewkowicz y su “Pensar sin Estado” han sido un modelo, pues no es menor que frases como ésta, -en donde se evidencia la profundidad del contenido- nos den pautas, pronósticos y verdades imposibles de eludir: “No se nos impone solamente pensar otra cosa; sobre todo se nos impone pensar de otro modo. La distancia entre los lugares y los que se emplaza en ellos es irreductible o por lo menos ineliminable. El segundo registro de la misma violencia estructural de las instituciones radica en el hecho de que el discurso preexiste a los ocupantes, a los miembros de la institución.” Sabemos que cualquier institución a lo largo y ancho del mundo hoy en día, forma parte de otras instituciones a su vez, es así que la violencia institucional se encuentra no sólo en una u otra institución, sino a la manera de la epidemia; es decir, diseminada en una red orgánica de instituciones. Empero sabemos también que no se trata del conocimiento de éstas respecto del ser desde un afán positivista, sino de la verdad del ser, del sentido de éste. La verdad del ser habla por sí misma. Es de allí que debemos operar. El fin -en tanto objetivo y término- pasa incluso por ese estado de despersonalización, de angustia y de atravesamiento. ¿Cómo entonces pretender esquivarlo?
“El tipo ideal de institución moderna es siempre parte de un todo. Se trata de un arquetipo, de una idea platónica. En la faz de la tierra, esto jamás existió, ni podrá existir de este modo.” Empero la lucha por el ideal -como representante de una idea- deberá conducirnos a la diferencia. Cada institución se considera como productora exhaustiva de los sujetos que necesita en la situación en que los necesita. No los toma de ninguna otra ni los produce para ninguna otra. Es decir, las instituciones viven para sí. El postulado ha cambiado, en lugar de ofertar como institución, se demandan consumidores. Este aislamiento genera un doble efecto. Por una lado una anarquía en la relación de la institución con el exterior. Por otro, una tiranía despótica en el interior de las instituciones, por que ahora cada institución necesita producir28 exhaustivamente sujetos, el problema es ¿de qué tipo serán
28 Nótese la inequívoca expresión de producción respecto de la ley de consumo y sus acepciones mencionadas ya, aludiendo al “ciudadano” regido por este sistema.
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estos? Pues no es casual que un autor que poco tenía de inocente y mucho de pensamiento analítico nos hable del “doble”; obviamente me refiero a Fiódor Dostoievski y su escrito de 1848 y que luego Borges ejemplifica magistralmente en su “Otro” como un sujeto que no sólo predica, sino que también crea y sujeta al primero. Es pues de esta indiferenciación respecto de lo que nos es propio, que tengamos consecuencias tan funestas como las actuales. Pues no sólo se ha dejado de lado al otro real, sino al otro que nos compete, que es parte indiscernible de nuestro ser. Me refiero al sujeto en el sentido más estricto, contemplando la subjetividad de éste y no como consecuencia de la reciprocidad ante un mundo dado producto de la herencia.
Caer fuera de la institución es caer en la noche del no ser, en la desaparición dice Lewkowicz. De aquí que resulte trascendental la relación de las personas con las instituciones, en suplencia de la relación primordial con los objetos. Se ve a la institución como posibilidad restitutiva del sentido del deseo.29 “Pues en ausencia de reconocimiento social, es decir, en ausencia de un sistema de instituciones que lo reconozcan, la institución es la única donadora del ser, única prodigadora de identidad. De ahí su enorme poder.” Y riesgo como consecuencia. Pues como sabemos la institución como tal está muy lejos de poder hacer algo respecto de esta problemática de la desaparición, aunque no del mismo modo respecto de la identificación; y siendo más severos, de la alienación en términos del “fading” utilizado por Lacan. “El discurso ya no piensa; se defiende. Ya no toma activamente un real; desestima ese real a favor de su consistencia interna.” Lewkowicz. (2004) Por ello han pululado –en serie como el modelo “T”- la “creación” de instituciones, puesto que no hay quien las interrogue, las cuestione. Las previas están demasiado ocupadas en su propia manutención, sin darse cuenta que ésta depende del exterior, no de su interior; los parámetros parecen haberse invertido respecto de lo erótico. El fin se relaciona no con lo cerrado sino con lo abierto. Nos encontramos en tiempos felices en donde se desprecia a aquello que es “ajeno” y se ama lo que es afín (lo interno). Es este el modelo, la serie que ha imperado en el devenir institucional. Así la interpelación no fluye, se bloquea por un principio no menor (la estructura y la consistencia). Un principio que muy fácilmente se aliviaría en dicha relación si se sabe que lo que impera es precisamente lo opuesto: la inconsistencia al decir de Badiou.
Cuando se producen estos enquistamientos, estos refugios en identidades imaginarias, la institución o el analista en posibilidad de su representación, ya no trabaja como soporte material de la productividad de un discurso sino como obstáculo real a la producción del discurso para asegurar la consistencia imaginaria de la comunidad de pares. No hay allí posibilidad alguna del origen, menos aún de surgimientos significantes nuevos. Lo cual nos conduce a un bloqueo de aquella tan anhelada alteridad, misma que será intransferible si queremos una sociedad pensante, activa y en pro de los derechos del ciudadano. El lazo institucional –dice Lewkowicz- no está tramado por un problema compartido sino por las ruinas establecidas. Empero es el lazo, el vínculo, la ligadura lo que aquí esta en juego, es allí a donde debemos llegar, y no como ha venido dándose a través de obturaciones o desarrollos institucionales “mansamente felices”. Es de las diferencias que se obtiene provecho, no de la similitud y de cierto orden equidistante. El que se confunda lo irrelevante con lo impensable, hace que algunas instituciones del psicoanálisis pretendan explicar el todo desde ellas mismas, y en el mejor de los casos desde el psicoanálisis como tal; sin embargo, si queremos prosperar, no partirá tal hecho de lo dado –no olvidemos que el mismo psicoanálisis surge del enriquecimiento de otras disciplinas-
29 El significado literal de palabra griega “afánisis” es “desaparición” y fue introducida en el psicoanálisis por Ernest Jones, quien la utilizó para designar “la desaparición del deseo sexual” en 1927. Para Jones, el miedo a la afánisis existe en ambos sexos, y da origen al complejo de castración en lo varones, y a la envidia del pene en las niñas. Para Lacan la afánisis no significa la desaparición del deseo sino la desaparición del sujeto.
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es así que debemos obtener de las diferencias los provechos necesarios para generar cuestionamiento. El simple hecho de pensar así la alteridad, es de antemano bien freudiano. Bibliografía: Alemán, J. (2000) “Jacques Lacan y el debate posmoderno” Ed. Filiguana. Bs As, Argentina. Aulagnier, P. (1975) “La violencia de la interpretación”. Ed. Amorrurtu. Bs As, Argentina. Bloom, H. (2005) “Genios”. Ed. Norma. Bs As. Argentina. Castoriadis, C. (1997) “Hecho y por hacer” Bs As, Eudeba, 1998. Chiozza, L. (1978) “Hacia una teoría del arte del psicoanálisis”. Ed. Alianza. Bs As. Argentina. Cosentino, J. (1999) “Construcción de conceptos freudianos II”. Ed. Manantial. Bs As, Argentina. Cosentino, J., Escars, C., Altman, N., Cragnolini, M., Laznik, D., Manfredi, H., Vidal, E., Villaverde, P. (2004) “El giro de 1920”. Ed. Imago Mundi. Bs As, Argentina. Courel, R. (2000). “Consideraciones sobre psicología y química del cerebro.” Texto publicado en Revista de la Facultad de Psicología de la UNR, Año 3, Tomo 1 y 2. Argentina, 2000. Courel, R. “Observaciones sobre el ideal de unidad de las ciencias.” Trabajo desprendido de la investigación “Incidencias de la subjetividad en ciencias. Implicaciones teóricas y prácticas” (Proyecto P067, Programación UBACYT 2001-2003). Instituto de Investigaciones Psicológicas, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. Evans, D. (1997) “Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano” Ed. Paidós. Argentina. Freud. S. (1893) “Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas”. Obras completas. Ed. Amorrortu. Freud, S. (1906) “Psicopatología de la vida cotidiana”. Obras completas. Ed. Amorrortu. Freud, S. (1912) “Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico”. Obras completas. Ed. Amorrortu. Freud, S. (1914) “Recordar, repetir, reelaborar”. Obras completas. Ed. Amorrortu. Freud, S. (1919) “Lo Ominoso”. Obras completas. Ed. Amorrortu. Freud, S. (1920) “Más allá del principio del placer”. Obras completas. Ed. Amorrortu. Freud. S. (1925) “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”. Obras completas. Ed. Amorrortu. Freud. S. (1925) “Los límites de la interpretabilidad”. Obras completas. Ed. Amorrortu. Freud. S. (1937) “Análisis terminable e interminable”. Obras completas. Ed. Amorrortu. Freud, S. (1938) “ Moisés y la religión monoteísta” Obras completas. Ed. Amorrortu. Hornstein, L (2003) “Intersubjetividad y clínica” Ed. Paidós. Bs As, Argentina. Hornstein, L (2004) “Proyecto terapéutico” Ed. Paidós. Bs As, Argentina. Lacan, J. (1953) Seminario II. “El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica”. Ed Paidós. Bs As, Argentina. Lacan, J. (1964) Seminario XI. “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”. Ed Paidós. Bs As, Argentina. Lacan, J. (2003 [1966]) “Escritos Dos”. Ed. Siglo XXI. Bs As, Argentina. Lacan, J. (1975) “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”. En Intervenciones y Textos 2. Ed Manantial, impresión del 2001. Bs As, Argentina. Lewkowicz, I. (2004) “Pensar sin Estado”. Ed. Paidós. Bs As. Argentina.
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